También llamada moda sostenible, es una tendencia que busca el equilibrio y la sostenibilidad en accesorios y prendas, como así también la protección de los trabajadores del sector, el suelo y los animales

El Slow Fashion es lo contrario de la moda rápida. La idea es generar conciencia sobre lo que consumimos, de dónde viene, cómo se produce y que sea perdurable en el tiempo (Getty Images)

El Slow Fashion, o moda sostenible o moda ética, es una parte de la filosofía del diseño y tendencia de la sostenibilidad. El objetivo es crear un sistema que pueda ser apoyado indefinidamente en términos de ambientalismo y responsabilidad social. La industria textil y de la moda es una de las que más contamina el planeta, lo que invita, y obliga, a un cambio urgente en los materiales, procesos y comercialización de la industria.

» la idea de este movimiento es la reducción del Impacto Ambiental, La protección de los trabajadores del sector, el suelo y los animales» Según explica Doria, el secreto para sostener “los valores éticos de una empresa de indumentaria a largo plazo es ser transparente, es tener un producto deseable”, esto quiere decir, un producto que responderá a una demanda y que, a pesar de tener un precio elevado, el cliente sepa que es un producto de calidad y que los potenciales clientes lo quieran comprar.

En su libro, Política de las apariencias, Susana Saulquin escribe que la importancia del diseño sustentable se afianza cada vez más entre los creadores independientes, “con producciones basadas en la ética y en la responsabilidad social”. Explica que la flexibilidad que hay al fabricar pequeñas series facilita la incorporación de nuevos cuidados, “mientras que se dificulta para las grandes marcas masivas con largas series o para aquellas producciones con tecnologías incorporadas. En realidad, las marcas masivas están configuradas desde una organización de producción acostumbrada a privilegiar la cantidad por sobre la calidad y los beneficios económicos por sobre otra razón.”

El Slow Fashion se opone al modelo de moda rápida que surgió hace varias décadas, en el que la ropa se abarató y los ciclos de las tendencias se aceleraron (FOTO: @garciabello_)

En el prólogo de su libro, Saulquin describe que “la moda se resiste a dejar su lugar de privilegio y solo busca el reconocimiento de las apariencias como espectáculo”. Para la socióloga “la moda todavía se niega a cumplir con una misión diferente a la tradicional y sigue pretendiendo no asumir su nuevo rol e integrar la cohorte del nuevo sistema de la indumentaria junto a las prendas funcionales realizadas con nuevos materiales textiles que permiten la interacción con el medio, las prendas creadas con independencia de tendencias y aquellas otras diseñadas de acuerdo a principios sustentables.”

El Slow Fashion es lo contrario de la moda rápida. La idea es generar conciencia sobre lo que consumimos, de dónde viene, cómo se produce y que sea perdurable en el tiempo: prendas de mejor calidad, trato justo de las personas, los animales y el planeta a lo largo del proceso y de moda temporal.

“Las empresas que se adhieren a este movimiento tienen como capital importante: la información. Por esta razón deben hacer un trabajo de educación para el futuro consumidor, para que pueda entender la diferencia de precio y que por ese motivo es un artículo de lujo”, señaló Patricia Doria.

Para Sol Pardo, diseñadora y creadora de PardoHats, es fundamental trabajar con stocks pequeños, no más de 5 piezas, porque el » stock frenado es basura, porque si hay un objeto que nadie lo habita ese objeto no tiene sentido de ser. dijo a Infobae.

Para la diseñadora Sol Pardo el stock frenado es basura, «porque si hay un objeto que nadie lo habita ese objeto no tiene sentido de ser” (FOTO: @pardohats)

En la última década se han producido muchos cambios en la industria de la moda. Cada vez son más las marcas que eligen un enfoque más sostenible en la confección de prendas. “En general – explicó Doria a Infobae– las empresas que se proyectan en estos cambios, son empresas de indumentaria con una historia y trayectoria, para poder soportar toda la inversión que deben realizar.”

El término “slow fashion” lo acuñó Kate Fletcher, del Centro para la Moda Sostenible, tomando como referencia el movimiento de la comida lenta. Fletcher vio la necesidad de un ritmo más lento en la industria de la moda. Su origen viene de la tendencia del slow food, que busca resaltar el valor y la importancia de la calidad, selección de materias e insumos con los que se fabrican las prendas, siendo estos sustentables. perdurables y eco-friendly.  

Las marcas de moda sostenible buscan la calidad en las prendas, en su mayoría atemporales, ya que no siguen las reglas de las tendencias pasajeras. El resultado es una colección con pocas piezas (inclusive algunas únicas), elaborada bajo el comercio justo y con una producción no masiva.

Un sistema productivo basado en la aceleración de los consumos y el consumismo no es sostenible ambientalmente. El sistema productivo va a tener que cambiar por supervivencia. (Getty Images)

El Slow Fashion se opone al modelo de moda rápida que surgió hace varias décadas, en el que la ropa se abarató y los ciclos de las tendencias se aceleraron. Algunas marcas muy conocidas queman muchas toneladas de prendas no vendidas al año, a pesar de los esfuerzos de sostenibilidad.

“Tiene varias ventajas -explicó a Infobae la diseñadora y docente de la UADE y de la Universidad Austral, Juliana Garcia Bello- una de ellas es que las personas conectan con los objetos y las cosas que tenemos en el día cotidiano otorgando el valor de este tiempo que esta mas relacionado con los procesos y mas relacionando al hacer manual, entonces -continúa Garcia Bello- creo que hay un gran cambio de paradigma en ese sentido, porque las personas se conectan más a los procesos y y a su cotidiano, a eso nos hace volver a entender el tiempo y que las cosas tienen un valor, y que todas las cosas cuestan un montón hacerlas; y también a preguntarte de dónde vienen, y cuestionarte un poco el esos procesos”. Según la diseñadora esto pone un foco interesante en “la observación”, fundamental para el futuro.

Según Patricia Doria, cada paso de este negocio debe ser muy medido, porque es muy costoso, impacta desde las materias primas hasta el procedo de fabricación y su posterior venta en los locales. “Cada empresa debe tener en cuenta el control de las emisiones de gases del efecto invernadero, el uso del agua, la contaminación del agua, el uso del suelo, la contaminación del aire y los desechos en toda la cadena de producción de indumentaria”, detalló Doria.

Las marcas de moda sostenible buscan la calidad en las prendas, en su mayoría atemporales, ya que no siguen las reglas de las tendencias pasajeras. (Foto: Cortesía Tejidos Rebancá)

Por lo tanto todo el proceso tiene un costo económico altísimo, por esta razón no dejan de ser artículos de lujo para un sector reducido del mercado.

Un sistema productivo basado en la aceleración de los consumos y el consumismo no es sostenible ambientalmente. El sistema productivo va a tener que cambiar por supervivencia. No por ser buenos y éticos. Tiene que cambiar porque la supervivencia de la sociedad así lo va a exigir. Ya se habla del lujo sustentable: el prestigio empieza a estar ligado con cuidar lo medioambiental y las personas.” dijo Susana Saulquin, la socióloga de la moda en una entrevista para Infobae, y agregó, “este nuevo paradigma industrial es muy posible que despunte recién en el 2050, porque los cambios son feroces. Tiene que recomponerse todo un sistema con nuevas formas de pensar y de actuar.”

Fuente: www.infobae.com

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