La economía popular está aquí, así algunos no quieran verla

En su editorial del pasado 20 de abril, el diario El Espectador manifiesta su apoyo a la política gubernamental de la economía popular. El impulso de la economía popular, gran ambición del presidente Petro desde siempre, será realidad dentro de pocos meses lo que le dará un impulso real a quienes más dan empleo en el país. Reproducimos con sumo agrado el texto de dicho editorial.

Hace unos días el presidente de la República, Gustavo Petro, reiteró su justa obsesión con empoderar la economía popular. En medio de una serie de anuncios, el mandatario dijo: “Vamos a poner en la adición presupuestal este año, esperamos, una partida que nunca ha existido de crédito para la economía popular agraria, que es la de los campesinos, urbana, que es la de ustedes, por $6 billones”. Desde el Departamento Nacional de Planeación, también, se habla de “Open Finance” para que las personas que están en la informalidad puedan acceder a créditos. Apoyamos esas ideas, pues es necesario un cambio de paradigma en las estrategias estatales para apoyar a todos los colombianos, por lo que surge una pregunta: ¿no debe, acaso, la reforma laboral ser también consciente de la necesidad de modernizar el mercado laboral?

La Universidad EAN y El Espectador organizamos el foro “Economía popular en la era digital”, celebrado el pasado lunes 18 de abril, donde participaron emprendedores, personas que pertenecen a la economía popular y representantes del Gobierno. La conclusión ineludible fue una: necesitamos prestarle atención de manera innovadora a un sector de la economía colombiana que ha tenido que pedalear solo a lo largo de varios gobiernos.

Como explicó Mauricio Sabogal, decano de administración, finanzas y ciencias económicas de la Universidad EAN, el “90 % de las unidades productivas en Colombia facturan menos de $200 millones al año y estas emplean un 80 % de la fuerza laboral, tanto formal como informal”. Lo que eso quiere decir es que más allá de la dicotomía entre formalización e informalidad, lo que tenemos es millones de personas rebuscándose el diario para sobrevivir, emprendiendo por fuera de los parámetros legales, y con muchos riesgos asumidos que no deberían ocurrir. Necesitamos tender puentes para que la formalización no sea solo una imposición de deberes, sino una mejora realista para todos los involucrados.

Tal vez lo que más claro demuestra el círculo problemático de la economía popular es el acceso al crédito. Como las personas no tienen historial crediticio ni un trabajo formal, es difícil que las entidades financieras oficiales les otorguen los préstamos que necesitan para sacar adelante sus negocios. Entonces, deben recurrir al “gota a gota”, usualmente administrado por mafias que cobran intereses excesivos y recurren a la violencia e intimidación para que las personas paguen. Así, las personas en la economía popular viven entre el terror de quedar endeudadas y la falta de apoyo institucional. Para eso es bienvenido que el presidente hable de aumentar los créditos formales y que en el Plan Nacional de Desarrollo haya artículos para ayudar a crear confianza entre las entidades financieras y las personas en la informalidad. Queda la pregunta abierta, sin embargo, de la ambiciosa reforma laboral, que parece estar enfocada en el nicho de la economía formal, sin mayor interés o siquiera entendimiento de un mercado laboral completamente transformado y en ejercicio. Si el Gobierno quiere convertir la economía popular en su prioridad, debe repensar su rol en la reforma. Es necesario y todavía posible.

 

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba