Opinion

LA VIRGINIDAD DE MARÍA Y LA SEXUALIDAD DE JESÚS

Por: Manuel Álvaro Ramírez R.

El presidente Gustavo Petro tiene la indiscutible cualidad de poner a la gente a hablar de temas triviales, intrascendentes y algunos, la mayoría trascendentales. Y no se trata sólo de asuntos políticos, que los hay por montones. En sus discursos habla de Historia, Filosofía, Economía, Política, cómo no, Sociología y ahora últimamente de Comportamiento y Salud que era como se designaba la asignatura que en la secundaria se discutía sobre la sexualidad.

Pues bien, en uno de sus discursos dijo “Yo creo que Jesús hizo el amor, sí, con María Magdalena . . .” frase que despertó la furia en el sanedrín de la derecha, pero siguiendo con los preceptos bíblicos hay que separar la paja del trigo (Mateo 3:12) y hablar abiertamente de qué es lo que realmente molesta de las alusiones del mandatario en este país de hipócritas, palabra también muy usada en las escrituras para designar a quienes quieren parecer buenas personas, pero no lo son.

Habría que comenzar por decir que la iglesia tiene un doble discurso sobre la sexualidad especialmente de las mujeres, aunque también de los hombres. En primer término, se agarran del Génesis para culpar a Eva de todos los males pasados presentes y futuros porque, neto de la paja, en el relato bíblico se la culpa por haber seducido a Adán, lo cual nos condenó a los mortales al sufrimiento y a ellas, además, a parir con dolor, como si las otras tribulaciones no fueran suficientes. Pero a la vez, pretenden presentar a la Virgen María y a Jesús, como seres asexuados, que no tuvieran lo que el común de los mortales llamamos necesidades fisiológicas.

Que se recuerde, fue el mismo padre Alfonso Llano Escobar quien en una columna de El Tiempo invitó a la feligresía católica a dejar de lado la pacatería y aceptar que la gente, incluyendo a José y María no se casaba por apariencias místicas ni deseos celestiales, sino que entonces como ahora, el placer de la sexualidad, máximo conocido, que además garantiza la conservación de la especie, ha atribulado al ser humano desde que en su cerebro fue consciente de que dicho placer provenía de una fuerza difícil de controlar y se inventó la forma de obtenerlo y justificarlo como algo que debe contar con el permiso divino. Se creó entonces el matrimonio, institución presente en absolutamente todas las civilizaciones. Pero volvamos al padre Llano.

Escribió el teólogo que Jesús tuvo como hermanos a Santiago, José, Simón y Judas y también hermanas de sangre, hijos de María y José documentado todo debidamente en las escrituras (Mateo 13: 55, 56) que son, se dice, la palabra de Dios. Valga la pena mencionar que esa columna encendió la ira santa de los fariseos vestidos hoy con sotanas y solideos y le prohibieron al padre Llano volver a escribir su columna “Un Alto en el Camino” en el periódico El Tiempo, lo que privó a los lectores de unas disertaciones agradables.

Ahora, no son sólo los fariseos sino la turba que hoy grita airada “crucifícale” porque Petro dijo lo que dijo.

Ahora lo sustancial. Lo que pronuncie Gustavo Petro será tergiversado y magnificado de tal forma que lo que a veces queda al descubierto es la ignorancia y mala leche de sus contradictores. En efecto, al revisar las reacciones aparece la infaltable Vicky Dávila quien espetó la siguiente perla “Depravado, respete a Jesús”. Con razón pasó de ser considerada candidata presidencial con infladas probabilidades de ganar a reina del meme, que ahora es el ícono y la campeona de los ‘me divierte’, que según ella se deben a las bodegas pagas del petrismo. Aclaro que a mí la señora me divierte gratis.

Ya va siendo hora de ir dejando atrás las taras religiosas, sin que eso afecte las creencias de cada quien, porque si algo hemos aprendido de las iglesias, no sólo de la católica, es que sus jerarcas son especialistas de condenar en público lo que disfrutan en privado. El sexo es una necesidad vital del ser humano y según Freud, gracias a ese impulso que él denominó la libido, es la causa fundamental de todas las culturas y el desarrollo de la humanidad. Que el presidente en sus disertaciones haga alusión al sexo no sólo es válido como ingrediente integral del discurso, sino un componente más de la versatilidad oratoria. Tratar de eliminar ese condimento, muestra la simpleza de un sector carente por completo de argumentos, que se pega de expresiones de forma tan amañada, que sólo sirve para dejar al descubierto a una clase que ha estado gobernando pero cuya formación académica y bagaje intelectual deja mucho que desear.

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