Alberto Coy Montaña – UNA HISTORIA DE SOGAMOSO INÉDITA

El escritor francés André Malraux afirmó en una inolvidable oración: La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida. La frase tiene exacta cabida a propósito del legado del arquitecto e historiador Alberto Coy Montaña, (26 de junio de 1936 – 12 de junio de 2013) cuya vida intelectual estuvo dedicada a su verdadera pasión: la cultura y la historia de Sogamoso.

Por iniciativa del médico Jacinto Caicedo Rico y otras personalidades intelectuales como el arqueólogo Eliécer Silva Celis y su esposa Lilia Montaña, así como también el radiólogo Dámaso Romero Vigoya se creó,  en 1967, el Instituto de Bellas Artes, IBA, que llegó a contar con cerca de 550 estudiantes de arte y algunos oficios artesanales. Años después este Instituto se convertiría en la Institución Educativa que es hoy.

El IBA sirvió de núcleo para que por iniciativa esta vez de Alberto Coy, junto con su entonces esposa Fanny Delgado de Coy (q.e.p.d.), convocara en 1969 a más personajes, como el licenciado Próspero Avella Pérez, para crear la Casa de la Cultura. La Junta Directiva de la nueva institución la conformaban los fundadores del IBA y la dirección la desempeñó durante varios años Coy Montaña.

Fueron años de mucha actividad que irradiaba su movimiento cultural en toda la Provincia de Sugamuxi y que contaba, además, con el Museo de Arte Moderno y la Biblioteca Álvaro Patiño Rosselli.

Eso que podría llamarse “movimiento” emprendido por Coy, a través de la Casa de la Cultura, y que quedó marcado en la historia cultural de Sogamoso, se debió a su emprenderismo y permanente lucha por la consecución de recursos. Esta colecta de fondos para financiar las actividades que ofrecía las  Semanas Culturales, por ejemplo, provenían en un alto porcentaje de la voluntad privada y de los escasos aportes del Municipio y del Departamento de Boyacá. Muchas y diversas fueron las ofertas culturales para el público: orquestas, solistas, exposiciones de pintura, teatro, en fin toda una gama de eventos, que incluían participaciones oficiales de otras naciones europeas –de la cortina de hierro— y asiáticas como China y Japón. La última Semana Cultural la realizó en el año de 1991.     

Para continuar con la obra de Alberto Coy Montaña y su legado es necesario citar a otro grande de nuestras letras y saberes, al filósofo sogamoseño Rafael Gutiérrez Girardot. Este escritor resaltaba en una de sus numerosas obras, sobre la relación que existe entre el conocimiento proporcionado por la academia y lo que recibe la sociedad: El saber científico y la cultura no son ornamentos, sino el instrumento único para clarificar la vida misma del individuo y de la sociedad, para cultivarla, y con ello, pacificar y dominar la violencia implícita en la sociedad moderna burguesa, esto es, en la que todos son medios para sus propios fines egoístas. Qué gran cierta esta sentencia a propósito de estos días que pasan.

Y es que junto a esos saberesde lo científico y la cultura se encuentra la Historia, rama importante de las ciencias humanas, excluida arbitrariamente de los programas educativos por la dirigencia política tradicional. Ésta ha preferido, para su conveniencia, que la memoria popular se reduzca cada vez más, hasta que carezca de los elementos necesarios para alimentarla con el conocimiento de su pasado.  

Ante esa característica de falta de memoria que es simplemente el miedo ancestral de la clase política tradicional para impedir que los colombianos de a pie aprendamos la historia y les demos respuestas a muchos interrogantes, el legado de la obra de Alberto Coy Montaña cobra cada día más relevancia.

Su arduo trabajo de recopilación de documentos, publicaciones, manuscritos y cuanto papel, fotografía o ilustración tuviera que ver con Sogamoso, Coy Montaña estaba presto a recibirlo y a reseñarlo en las escasas publicaciones que tenemos la fortuna de apreciar. Importantes son las obras publicadas hasta ahora, pero las pueden apreciar muy pocas personas porque los ejemplares han sido en exceso limitados. Además, buena parte de la obra completa de Coy aún permanece sin editar e imprimir.

En Anales de Sogamoso (1990), obra editada con el patrocinio de la seccional del SENA Boyacá, Coy Montaña plasmó algunos de los grandes hitos de la historia local, comenzando el 4 de septiembre de 1537, fecha de arribo de las huestes españolas a Suamox hasta el año de 1968. En un vasto recorrido nos muestra la historia entre la Conquista y la República con datos interesantes unos, curiosos otros pero todos contribuyen a tener una mirada que fortifica para temer, admirar o querer nuestro pasado.    

Con miras a que los docentes contaran con herramientas que les permitan transmitirles a los estudiantes elementos constitutivos de su historia, Coy Montaña escribió la Cátedra Suamox (2003), patrocinada por la Alcaldía de Sogamoso, en la que se proporciona una guía didáctica sobre el Municipio, sus datos, personajes e instituciones, entre otros aspectos.    

En De todo como en Botica (2010) realizó un acertado ejercicio de recopilación de crónicas e historias de algunos escritores y periodistas de la Ciudad del Sol. Los escritos fueron minuciosamente seleccionados por el autor con el objeto de ofrecer un panorama de la ciudad y sus gentes. La impresión fue auspiciada por la Alcaldía de Sogamoso.

También con el auspicio de la Alcaldía de Sogamoso el Calendario Histórico, Tomo I (2004) Alberto Coy pretendió ampliar los Anales de Sogamoso. Es una obra más amplia y rigurosa en el tratamiento de fechas y citaciones. Sin embargo, por la falta aún dos tomos más de este título por editar e imprimir,  la obra se asemeja a lo que sucede con muchas obras físicas emprendidas con recursos del erario que se quedan inconclusas a mitad de camino.

Con la disculpa de que ‘nadie lee’ o ‘ese tema es de poco de interés’ estamos ante otra obra fragmentaria y desdeñosamente financiada. Si a pesar de algunas bagatelas, unos ordenadores del gasto, en ocasiones les duele concluir una obra de cemento, con la inversión en una obra intelectual y cultural, algunos –con honrosas excepciones, afortunadamente— dan muestras que les produce una sensación, tal vez igual o peor, que la extirpación de uno de sus órganos vitales íntimos…

Solo nos queda rememorar y reseñar lo publicado y añorar la obra inédita de Alberto Coy Montaña, junto a las de otros que le antecedieron, porque las esperanzas de que un administrador del erario se percate de la importancia social y de civilización que posee la Historia están muy lejanas.  

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