Opinion

PETRO EL DESPLATADO

Por: Manuel Álvaro Ramírez R.

Muy pocos mandatarios en la historia han tenido que resistir tantos ataques desde dentro y fuera del país que gobierna como Gustavo Petro. A los ataques de la oposición cerrera con calumnias que se inventan a diario y que son adecuadamente difundidas por la otra oposición disfrazada de medios de comunicación, que renunciaron hace tiempo a su función de informar y que ahora con agenda propia hacen parte de la gavilla antipetrista; al Congreso de mayorías adecuadamente financiadas que representan cualquier cosa menos al pueblo que los eligió; a las altas cortes que torpedean lo que alcanza a salvarse del parlamento, que son más dañinas que todos los poderes juntos y, en general, a toda esa jauría que se ha ensañado contra un solo hombre, se suma ahora el ejecutivo del país más poderoso del mundo y amenaza con ayudar a defenestrarlo.

Si Petro logra terminar su mandato como todo parece indicarlo, será recordado por su entereza y valentía para enfrentar tantas arremetidas juntas. Esta semana el presidente Donald Trump se sumó al ejército de la ignominia y lo amenazó con que sería el siguiente, no dijo de qué, pero se entiende que es quien sigue en la lista después de tumbar a Nicolás Maduro y viniendo la advertencia de ese inescrupuloso sujeto, y criminal ya condenado por las cortes de su país, cualquier cosa puede esperarse.

Trump reintrodujo la llamada política del ‘gran garrote’ que significa disciplinar violentamente a los mandatarios que no se sometan dócilmente a sus designios y aunque se pensaba que eran épocas ya superadas y que ahora los norteamericanos usaban la diplomacia, los créditos condicionados o la intromisión disfrazada de ayuda, todo eso quedó atrás y dio paso al asalto brutal e incluso a la intervención militar directa en estas tierras.

Sin embargo, esto no es lo único preocupante. La derecha colombiana que aquí se alinea toda a su extremo más recalcitrante se frota las manos ante la posibilidad de que un rey poderoso les devuelva lo que no fueron capaces de ganar en las urnas, así el precio de su abyección sea jurar fidelidad perruna al nuevo amo y endosar los recursos naturales de Colombia a cambio de la protección y la complicidad de los gringos en sus fechorías.

No parece que vaya a ser fácil someter a Petro y contrario a lo que aspiran los cipayos, la aceptación del Presidente se ha mantenido incólume pese a la propaganda de Guarumo que disfrazaba su agenda, de encuestas realizadas seguramente en Unicentro y los clubes ubicados en las afueras de Bogotá porque pareciera que para este tipo de empresas no existieran los estratos I, II y III ni la Colombia rural tradicionalmente excluida. Quizás Trump no invada a Colombia pero sí enviará la señal de que si no se vota por el candidato que él diga apretará aún más la soga al cuello de quien sea el próximo presidente y el terror que siente la derecha es que Petro sea capaz de poner sucesor y tiene razón para estar preocupada porque a pesar de contar con candidatos inflados, la pobreza de sus propuestas pusieron en evidencia que de allí todo se reduce a una sola cosa: derrotar a Petro y éste, recoge el guante, les responde destapando cada vez nuevos focos de corrupción y pese a lo evidente, sus áulicos repiten el estribillo bastante desgastado por cierto, de que todo son mentiras.

Pero hay síntomas de que las cosas van por buen camino. Los indicadores económicos muestran una economía dinámica y quizás la señal más significativa es que los empresarios han decidido escuchar al candidato Cepeda, porque saben que puede ganar incluso en primera vuelta. Eso despertó la ira del titiritero que no ha encontrado un pupilo capaz de aglutinar a la derecha, lo que constituye otro de los síntomas alentadores, porque pese a toda la arremetida descarada de todos los poderes públicos y privados en contra del Presidente, la gente ha terminado por repudiar a quienes representan la vieja clase política decadente, pero que por eso mismo puede tornarse mucho más violenta.

El ataque más reciente vino de las Comisión Cuarta del Senado que, como era previsible, hundió la reforma que buscaba recursos para rematar su último año de gobierno y dejar al siguiente con fondos para continuar los programas sociales que empezó el Gobierno Nacional. No fue por problemas técnicos ni por vicios de procedimiento, la hundieron porque fue presentada por el Gobierno del Cambio y eso en época preelectoral sirve para adobar las mentiras que usualmente se esgrimen en estos casos, como aquella según la cual la reforma se hundió para evitar que los emprendedores y la clase media tuvieran que pagar nuevos impuestos. Así las cosas, el Presidente también pasará a la historia como el que tuvo que hacer lo que pudo con muy pocos recursos.

Cualquier ciudadano medianamente informado, sabe que buena parte del presupuesto está compuesto por las llamadas inflexibilidades, esto es fundamentalmente los gastos de funcionamiento, las transferencias y el servicio de la deuda, de manera que este último año el ejecutivo tendrá un muy estrecho margen de maniobra y la derecha seguramente acudirá a alguna acción desesperada. Nada bueno puede esperarse de esa caterva de delincuentes que ya acuñó el neologismo para asustar: El Petrocepedismo.

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