Opinion

LA INFAMIA EPSTEIN

Por: Manuel Álvaro Ramírez R.

Muy a pesar del intento del presidente Donald Trump por obstaculizar la desclasificación de documentos bastante comprometedores, finalmente, en noviembre de 2025 tuvo que firmar la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein, que pusieron en aprietos a muchos ricos y poderosos incluyendo al ex presidente colombiano Andrés Pastrana Arango. Pero qué son los tales archivos, porque en Colombia no se difunde una noticia excepto si ésta sirve para enlodar la imagen del Presidente Gustavo Petro, en cuyo caso, es tema que repica en los oídos y titila en las retinas mañana tarde y noche.

Según Wikipedia, “Son el conjunto de documentos de los que dispone el FBI sobre el financiero Jeffrey Epstein, condenado por traficar sexualmente con niñas y mujeres para una amplia red de contactos”. Nótese la sofisticación del lenguaje, el proxeneta es financiero y los violadores y pederastas se reducen a una red de contactos. Se trata entonces de una compilación de testimonios, fotografías, correos electrónicos, itinerarios de vuelo y en general, un acervo probatorio que ya no sólo no pueden ocultar, sino que han producido consecuencias de diversa magnitud, desde la dimisión de altos dignatarios de gobierno, el repudio público de un encopetado personaje de la nobleza británica, hasta el muy sospechoso suicidio del principal implicado en el escándalo.

Estamos ante un hecho pocas veces conocido no porque no exista sino porque usualmente la podredumbre en la que se mueve el poder económico y político no sale a la luz pública y cuando lo hace es porque se filtra alguna comunicación como cuando se conoció un audio relacionado con el narcolaboratorio de Fernando Sanclemente en el cual a Vicky Dávila le decían que iban a “cuadrar para que él [el mayordomo] se echara la culpa y que no avanzara la investigación en contra de Sanclemente”. A esto Vicky responde “Hijueputa, ¿o sea que Sanclemente sí sabía?” y el interlocutor responde “sí, pero eso no se puede decir”.  Muy gráfico este diálogo que pone de presente lo que no se pueden decir.

Pero quizás lo más importante es que lo que develan los archivos es mucho más que fotos o mensajes comprometedores. Se trata de poner de presente que los hombres poderosos, porque los implicados son en su absoluta mayoría hombres, están dispuestos a pagar grandes sumas para dar rienda suelta a sus fantasías y desenfrenos sexuales y, obviamente, hay agentes en capacidad de ofrecer esos servicios, utilizando por lo general personas en condiciones de vulnerabilidad. Y para que se entienda, no se trata de criticar las fantasías ni las preferencias sexuales de nadie, sino de mostrar el comportamiento venal de los poderosos y la impunidad con la que actúan.

Podría decirse que el hecho de que Epstein y su novia Ghislaine Maxwell hayan sido llevados a prisión, el reciente despojo de títulos del príncipe Andrew Mounbatten-Windsor, hermano del rey Carlos III de Inglaterra y por esos mismos lados que Peter Mendelson fuese obligado a dimitir de la Cámara de los Comunes, es una prueba de que la justicia funciona y que nadie está por encima de la ley, pero no es así.

En primer lugar para eludir a la justicia federal Epstein logró un acuerdo con un fiscal de un pueblo al sur de Florida que acordó una pena de 18 meses de prisión, que le evitó comparecer en un juicio federal. Finalmente, mientras esperaba otro juicio por tráfico sexual y conspiración para traficar menores con fines sexuales, fue encontrado muerto en una celda del Centro Correccional Metropolitano de Manhattan. Pero además Donald Trump era un cliente asiduo de Epstein, así como presuntamente lo fueron Bill Clinton, Michael Jackson, Elon Musk, Bill Gates, Larry Summers entre muchos otros notables del mundo político, financiero, empresarial y académico.

Que se sepa, de quienes aún viven son muy pocos los que enfrentan procesos judiciales y es aquí donde vale la pena mencionar al expresidente colombiano Andrés Pastrana Arango, quien en un principio aceptó haber tratado a Epstein después de que viniera de Irlanda donde supuestamente lo conoció. Viajó con él en su avión privado a las Bahamas porque le iba a presentar a Fidel Castro y, según Pastrana, casi que a eso se reducía la relación. Sin embargo, la última entrega de archivos desclasificados, prueban que la relación no fue tan superficial pues existe una foto con Ghislaine Maxwell ambos en traje de pilotos militares y un testimonio según el cual “En las fiestas, [Maxwell] regaló a los invitados con historias sobre volar un helicóptero Black Hawk en Colombia y disparar un cohete contra un campamento terrorista”. (Ascenso y caída de la casa de York, Andre Lownie, citado por Daniel Coronell. El título está en inglés).

De ser cierta esa aseveración, mostraría que aparte de la sospecha de pederastia, delito asqueroso pero que corresponde estrictamente a su vida personal, Pastrana incurrió en otro que sí nos afecta a todos porque compromete recursos públicos, porque supuestamente prestó un helicóptero militar para que una mujer disparara contra presuntos terroristas, práctica por la que los hombres muy ricos de Italia pagaban entre 80,000 y 100,000 euros por matar personas hacer ‘safaris humanos’ para, repito, asesinar personas en Sarajevo, según un libro del escritor Ezzio Gabazzani y el precio podría triplicarse si la víctima era un niño. Pero aquí no se ve por ningún lado que estén recriminando a Pastrana sino gritándole a Petro “Depravado, respete a Jesús”.

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