Opinion

PALABRAS DIFÍCILES

Por: Rafael Antonio Mejía Afanador

Teníamos en la UPTC a un profesor de sicología de apellido Camacho, que nos echaba sus cuentos -además muy interesantes- y solía decir: “yo siendo apenas sicopedagogo, me metí a siquiatra sin serlo… y la china se curó”. Por eso lo llamábamos “Jesucristo Camacho”, porque siempre le hacía un milagrito a alguien.

Pues bien, en esas clases de sicología aprendimos, entre otras vainas, que una de las palabras más difíciles de pronunciar es: NO. Y meternos en la cabeza que cuando es no es ¡NO!  Aunque algunos, después de decir tres veces no, terminan diciendo: o bueno.  

Sabemos de sobra que en el panorama político les pasa exactamente eso a los renuentes. Comienzan diciendo que no, que ni p’uel chiras, que “primero muertos que bombardeados” y después terminan con el clásico “o bueno”.

No nos han enseñado a ser asertivos. Somos generalmente de respuesta agresiva o respuesta sumisa y cuando nos toca decir no, comenzamos a rascarnos la cabeza o nos ponemos bravos para disimular la confusión.

Otra palabra difícil es: perdón, excúseme, lo siento. Como decía Marx, el otro Marx, errar es humano, pero echarle la cupla a otro es todavía más humano. Y vaya que sí. Muy pocos decimos, hombre, lo siento, fue mi error, discúlpeme. Qué difícil decir esas palabras, ¡y lo bien que uno se siente cuando las dice!  

Y la otra palabra bastante compleja de pronunciar es adiós. Pues mis queridos amigos, debido a un compromiso ya adquirido, me es imposible seguirlos acompañando los domingos en esta columna. Gracias a ustedes, los lectores, que son a quien uno se debe y gracias a Boyacá Visible por brindarme este espacio. Espero volver a estar con ustedes, si Dios nos la presta, en un futuro muy próximo.

Y como es tan fregado decir adiós, pues les digo: ¡hasta pronto!

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