SALARIO mínimo, ¡ALERTA MÁXIMA!

Por: Rafael Antonio Mejía Afanador
Están culecos, decía mi mamá para referirse a las personas cuando se tientan y no se hallan. O de otra manera: andan poseídos por ansiedad extrema, todo a su alrededor se oscurece, tienen pesadillas, se levantan sudando, bordean la taquicardia y sacan el tema a flote al desayuno, almuerzo, comida e intermedias: el incremento “exagerado” del salario mínimo.
Primero les cuento que los que comenzaron con la guachafita de subirle todo eso al salario mínimo fueron el conservador Belisario Betancur, que en 1982 lo subió en un 30%, en 1989 el liberal Virgilio Barco lo subió un 26.99% (porque cuando toca, toca) y en 1990, otro godazo, *César Gaviria, lo incrementó en 26% casi todos los años. Casi, porque en el 93 no fue sino del 25.03%. Lo que pasa es que la inflación se comía desde enero cualquier incremento. *(A quien me demuestre que Gaviria no es conservador le gasto empanada en el Bambi).
Esta situación –que se prolongó hasta el 2000, cuando el incremento fue del 10%– creó la narrativa perversa y bien acomodada de que un incremento alto es el que provoca la inflación. Casi como la gallina y el huevo. Pero las cuentas no cuadran porque en este gobierno el incremento total ha sido del 75% y desde que Petro asumió la presidencia, la inflación en Colombia pasó de 13.1% en 2022 a 5.1% en 2025, con un leve repunte en 2026 (6.7%). Pese a esos ‘exagerados’ incrementos, la tendencia es claramente a la baja. O sea, ese cuentico se les cayó, pero aun así, pretenden seguir asustándonos.
Afortunadamente hay empresarios como Mauricio Armitage amo y señor de SIDOC, siderúrgica de occidente, en Yumbo, Valle del Cauca, que ha aplicado políticas sociales, como pagar salarios por encima del mínimo y repartir utilidades entre los trabajadores yendo siempre más allá de la norma. ¿Será que un trabajador bien remunerado, que se sienta parte de la empresa, no le pone todas las ganas y todo el sentido de pertenencia a su empresa? Armitage insiste en que Colombia necesita repartir mejor la riqueza y que los empresarios deben ser parte activa de la solución, para dar al trabajador no sólo lo mínimo para subsistir sino darle dignidad, comodidad y una mejor calidad de vida. Pero se estrella de frente con nuestros riquillos que sólo piensan en acumular más y más y no ceder un pesito porque creen que más son mientras más tengan.
Para aquellos de agalla grande y corazón pequeño, que sólo buscan tener, tener y tener, León Tolstoi les dedicó un corto y hermoso cuento que pueden leer en el siguiente enlace:
/cuanta-tierra-necesita-un-hombre/
Carlos Calleja, dueño del grupo empresarial Éxito, también tiene una visión clara respecto a este espinoso ítem. Dijo que aplicaría sin temores ni falsas expectativas el aumento decretado por el gobierno y que no piensa reducir ni modificar la planta de personal. Así que los 30 mil trabajadores de este grupo empresarial pueden estar tranquilos pues el hombre ya tiene la estrategia para asumir sin aspavientos este costo operativo.
En redes sociales dio su declaración, que fue presentada como un mensaje de confianza y estabilidad laboral, en contraste con el temor de despidos masivos en otros sectores que aún botan la baba con el sistema feudal y el derecho de pernada.
Hasta el viejito Rodolfo (que no era santo de mi devoción) decía que al aumentar el salario mínimo se aumenta el consumo y por ende la producción. “No soy amigo de tener a los pobres en la ruina porque eso genera más pobreza y menos producción”. Ya dirán algunos, ¿pero todo eso? Sí, todo eso. Mejor miren el video: youtube.com/watch? Rodolfo Hernández
Estos sesudos análisis se los dejamos a los economistas y a los peluqueros que son los que saben del tema. Mi cuento va por otro lado. Vamos pues.
¿Por qué para algunos es tan difícil compartir lo que nos ha dado la vida? ¿Es muy complicado situarse uno en los zapatos de los demás? Jesucristo predicaba contra el egoísmo, la mezquindad y la avaricia, entonces ¿por qué la derecha, que dice ser cristiana, no aplica lo que Jesús predica?
La mayoría de los que despotrican en contra del aumento del salario mínimo no tienen en cuenta que son 376.000 mil pesos que escasamente alcanzan para un perfume Dior Sauvage EDT de 100 ml (alrededor de $360.000) o un Chanel Bleu de Chanel 50 ml: cerca de $370.000. O también unos bonitos auriculares Sony WH-CH720N con cancelación de ruido, por módicos $370.000. O hacerle a alguien un modesto regalito como un bolso de cuero artesanal (menos de Mario Hewrnández, que son chinos) que cuesta: alrededor de $350.000 o unas gafas de sol Ray-Ban de gama media por sólo $360.000.
Pero si lo mío es chicanear, podría irme de juerga con los amigos e invitarlos a una botellita de Chivas Regal 18 años de 750 ml (alrededor de $370.000) o de Johnnie Walker Gold Label Reserve de 750 ml por más o menos $360.000–$375.000. O de pronto los descresto con una de Glenfiddich 12 años de 350.000 pesitos. O una de tequila don Julio Reposado, de 360 lucas. Pero si las amistades son de pedigree (alto turmequé) y un amigote me ayuda con la cuenta, una rumbita en un bar de la 93 me podría salir por 300 o 350 mi mitad. Nada mal, ¿no?
Como podrán fijarse, un solo artículo de los que acabo de relacionar cuesta lo que le aumentan a un trabajador en un mes. Y lo más indignante es que quienes rechazan este aumento se ganan 52 millones de pesos. Ah, pero eso sí no es exagerado.
Muy aparte de lo anterior, si un amigo, gente de bien, me invita, por ejemplo, al Club El Nogal, una botellita de Whisky Macallan 18 años, le podría salir por sólo 2 millones 600 mil pesitos. Nada que yo no merezca, ¿cierto?
Les doy un solo ejemplo con nombre propio: Antonio Luis Zabaraín, de Cambio Radical (el partido con más presidiarios en Colombia, seguido muy de cerca por el liberal). El honorable senador criticó la eliminación de la prima especial de servicios de ¡16 millones de pesos mensuales! (ocho salarios de un obrero) para los congresistas, calificando la medida como “populista” y asegurando que “un congresista que gane alrededor de $32 millones al mes no está bien remunerado”. Pobrecitos. Un sacrificado padre de la patria colombiano gana más de 24 veces el salario mínimo, incluso tras el recorte.
¿Así, o más desfachatados? Esos son los que aspiran a salvarnos, ¿qué tal?
Si usted quiere saber por qué nuestra derecha actúa como nuestra derecha, le recomiendo este libro: Malditos libertadores, de Augusto Zamora (no es colombiano) y si le da pereza leerlo completo, sitúese en la página 44, ahí encontrará la respuesta y sabrá por qué este salario mínimo los tiene en alerta máxima.
PREGUNTA CHIMBA: ¿Hay alguna entrada a Sogamoso donde uno no chupe polvo en verano y barro en invierno? Es para un crucigrama.
PREGUNTA CHIMBA 2: ¿Qué opina usted de un grupo de colombianos que va a llevarles chismes a presidentes de otros países para que nos metan aranceles que tenemos que pagar entre todos y después regresen a Colombia a limosnearnos el voto?


