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¡Colombia no te rajes!

Colombia se destaca en el mundo por muchas cosas, e incluso nos han hecho creer hasta hace algunos años que teníamos el segundo himno nacional más lindo a pesar de la grotesca estrofa de los cabellos de la Virgen, además se dijo alguna vez que éramos el país más feliz del mundo y ahora el slogan de mi presi según el cual Colombia es el País de la belleza. Nadie nos ha dicho dónde fue el concurso de los himnos nacionales ni dónde se midieron los índices de felicidad, lo de la belleza se entiende como estrategia de mercadeo del actual Gobierno. Pero cuando se hacen evaluaciones que realmente significan algo en términos de desarrollo, la calificación de Colombia es bastante deficiente. Es lo que acaba de  publicar el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes más conocido como Pruebas PISA.

No vamos a discutir el puesto que ocupa el País pero sí resaltar que en las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) a la que Colombia pertenece, los resultados ponen en evidencia la brecha que separa a los que tienen una política educativa coherente y diseñada pensando en el largo plazo y uno, como el caso nuestro, donde buena parte de los recursos destinados a la alimentación escolar se convierten en ocasiones en focos de corrupción sin considerar que se afecta a una población muy vulnerable y que esos comportamientos afectan el aprendizaje.

Esto tiene que obligarnos a hacer una profunda reflexión sobre la política educativa que hay que considerar como un derecho y no sólo una oportunidad de llenarse los bolsillos con los dineros del PAE o con programas como Ser Pilo Paga, bien intencionados pero insuficientes. Hay que diseñar una política educativa que va desde la atención a la primera infancia, pasando por la educación básica, hasta la educación superior. Hay que reconocer que actualmente cursa un proyecto de ley bien encaminado.

Pero también hay que revisar la capacidad de los docentes, porque es bastante frecuente encontrar profesores que no han cogido un libro desde que salieron de la universidad. Esos docentes, que aseguran tener x años de experiencia, realmente lo que tienen es un discurso que repiten con x años de obsolescencia. ¿Cómo les va a ir a unos estudiantes en comprensión de lectura, si sus docentes no saben leer? Y con no saber leer no quiero decir que no conozcan las letras y sus sonidos articulados sino entender lo que está escrito, ser capaces de analizarlo y poder discutir con propiedad sobre algún asunto. Ahí hay que trabajar y mucho.

La Institución Educativa Distrital Alexander Von Humboldt de Barranquilla, es por las pruebas el mejor colegio público seguido del Liceo Integrado de la Universidad  de Nariño en Pasto. Algo están haciendo bien en estos colegios y de ellos hay que aprender. Pero es necesario desarrollar iniciativas para incentivar la lectura en las casas, un reto realmente grande hoy en día cuando el inmediatismo y la tendencia a la búsqueda de reconocimiento han hecho del celular un aditamento imprescindible en la vida diaria no sólo de los jóvenes sino de sus padres.

En síntesis, es imperativo aprender, pero, y sobre todo, desaprender, lo cual implica renunciar al celular como instrumento de aprendizaje y volver a los libros, pues para tener criterio es imprescindible desarrollar un proceso de aprendizaje que nos permita discernir el conocimiento, porque las redes sociales pueden ser fuente de conocimiento o cloacas por donde circula las heces de la mente humana. No es sino ver lo que ponen a circular nuestros honorables Polo Polo y J. P. Hernández o el rigor argumentativo de Carlos Felipe Mejía, quien dijo en una sesión del Congreso que Gustavo Petro estaba sobrando. Hoy nos gobierna el que sobraba y de quien lo dijo, muy pocos se acuerdan.

Manuel Álvaro Ramírez R.
Magíster en Economía

Universidad de los Andes

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