ATREVIMIENTO INADMISIBLE

Por Lizardo Figueroa
De tiempo atrás se han vuelto paisaje cotidiano todo tipo de indelicadezas, abusos, expresiones malsonantes, groserías y demás salidas en falso de muchos figurones políticos de la fauna nacional. Algo sumamente inadmisible.
La última correspondió a un candidato quien, en una entrevista radiotelevisada, se despachó en descalificaciones y atropello a la dignidad de una periodista, increíblemente después explicado cómo un «episodio de humor».
Nuestro ordenamiento institucional garantiza la libre expresión y opinión sobre cualquier tema, siempre y cuando no vaya en contravía a los derechos de los demás.
Que alguien exprese públicamente y a través de los medios, que ha ganado simpatías femeninas merced a sus atributos genitales y de algún modo insista en que la periodista vea el registro fotográfico del tema, francamente ya es el colmo.
Bien se dice que no basta serlo, sino parecerlo; y en la vida pública este dicho tiene una relevancia capital.
El lamentable tema que se volvió comidilla en los mentideros y en las redes, me recuerda un documento de una magistral conferencia que diera nuestro escritor y columnista William Ospina, a un auditorio de estudiantes universitarios en Argentina, algún día de finales del Siglo XX.
Decía Ospina que, en la antigüedad, las sociedades encarnaban los valores o antivalores que irradiaban sus gobernantes; de manera que, si el gobernante era probo y honesto, sus ciudadanos lo eran también; si su líder era tirano y perverso, la gente se comportaba igual; en esos pueblos, sus habitantes tenían en sus gobernantes el ejemplo a seguir.
Que recuerde, desde el siglo pasado hasta hoy, y en pleno XXI en Colombia, parece que permanece esa tendencia de una buena parte de los asociados; parecerse a los estilos y talantes de sus gobernantes es costumbre, para bien o para mal.
Nunca hubo paz política duradera en este país que peca, reza y empata.
Suele aceptarse la chabacanería, la grosería, la insolencia y el abuso de quienes tienen algún grado de figuración y poder.
En el pasado, cuenta la historia política criolla, el desenfreno y las pasiones políticas de no pocos líderes, llevaron a la galería sumisa e ignorante a matarse de mil maneras entre hermanos.
Quien ocupe la Presidencia de una nación de 53 millones de almas como la nuestra, debe tener algo de majestad y de grandeza, en donde la vulgaridad no debiera tolerarse y menos contra la dignidad femenina.

