Opinion

PRESENTE PERFECTO

Por: Rafael Antonio Mejía Afanador

Sin temor a equivocarme, podría afirmar que uno de los recuerdos más lindos de la gente, en especial cuando niños, es la navidad. Época de treguas, de reconciliación, de recogimiento, e itero, de buenos recuerdos. Uno de los más antiguos es el de un cuento en la enciclopedia El mundo de los niños llamado Una triste y dichosa navidad, cuento que combinaba las esperanzas de la gente de antaño con la sencillez de un regalo como un pequeño pony. 

Hoy ya en plena adultez, uno rememora cada bello mito y lo aterriza sobre la realidad. Por lo menos con mis contemporáneos pensábamos que en verdad el Niño Dios o Papá Noel llegaban cargados de regalos y los depositaban en el árbol de navidad. Como a los niños nos alejaban de la rumba y de la tomata, al día siguiente madrugábamos a chismear los regalos. Algunas veces salíamos por el parque de Paz de Río a jalar con una pita los camiones de hojalata que constituían el lujo que nos regalaban. En las tardes ya estábamos cambiándoles el troque delantero para que diera curvas y la chicaneada fuera superior.

Eran tiempos en los cuales le creíamos a la radio. Ese “Caracol por sus oyentes, formula votos fervientes de paz y prosperidad…” aún retumba en mis oídos. Tiempos en los cuales la radio era la que decía cuando se terminaba el año viejo y comenzaba el nuevo. 3, 2, 1, ¡feliz añooooo! No importaba que el año nuevo viniese con tres o cuatro segundos de adelanto o de retraso, el locutor era el que mandaba la parada. 

Esos sublimes momentos se fueron desmitificando con los años, aunque la nostalgia queda. Algún profesor en la facultad de derecho de la Autónoma me dijo que si le parecía muy ejemplar que el protagonista de Faltan cinco pa’ las doce, estuviera emparrandado con los amigos todo el día, tomando como camello, y la mamá solita esperándolo en la casa hasta faltando cinco para las doce. ¡Ay, fuepucha! como decía El Chinche Ulloa, eso fue como una aguja ensartada adrede en un globo. Eso fue peor que cuando pillé a mi mamá depositando los regalos bajo el arbolito de navidad.  Ahí es cuando uno aterriza a medias. Es decir, uno tiene un pie en la tierra y el otro en el pasado, justamente cuando éramos niños.               

Los regalos de navidad han tenido su evolución. Antes los abuelos regalaban a sus nietos caballitos de madera y otros juguetes tallados, muñecas de trapo, ropa tejida por las delicadas manos de mamá, alimentos y en general cosas sencillas pero dadas con amor y genuino espíritu navideño y un valor emocional indiscutible. Voy a dar un salto al presente, de una, a 2025: ahora los regalos son los convencionales sobres con dinero. Sí, la lluvia de sobres. Ahora nadie tiene tiempo para comprar un obsequio. La dicha al recibirlos, la emoción de rasgar el papel regalo y esperar la sorpresa, no tienen precio.

Bueno, pero como en el cuento, “algo es algo”. Si vieran ustedes la belleza de regalitos de navidad con los que nos han sorprendido los gobiernos de esta sufrida tierra…  Como esta es una época de relax y cheveridad, los periódicos sólo venden resúmenes del año, personajes del año, deportistas del año y demás yerbas, obviamente con un contenido acomodado y adornado según la conveniencia de los dueños del medio. Por eso aprovechan para cogernos con la guardia baja y tomen pa’ que lleven.

Siempre nos han sorprendido en pleno jolgorio para clavarnos algunas cosillas como las siguientes: En la navidad de 1963, el simpático abuelo de Paloma, don Guillermo León Valencia, entre sorbo y sorbo, nos aplicó la primera experiencia con el I.V.A. mediante la Ley 21. Sí señores, y uno echándole la culpa a Belisario, qué injusticia, caray. Nos aplicó el 10% de impuesto, que inicialmente iba de manera indirecta al consumidor, pues el que teóricamente pagaba era el productor o el importador. El consumidor lo asumía, aunque sin darse cuenta, es decir con anestesia.

En 1983, Belisario Betancur, con el decreto 3541 sí arremetió con toda, y lo aplicó directamente al consumidor. Aquí sí, sin anestesia. Este regresivo impuesto lo pagamos todos, los de salario mínimo, los de salario alto e intermedios, no se salva nadie. Este presente no fue de Navidad, pero sí de año nuevo pues fue promulgado el 29 de diciembre de 1983. 

Las reformas tributarias de 1979, 1986, 1990, 1995, 1998, 2002, 2006, 2012, 2016 y 2022 fueron exactamente en diciembre como presente navideño. Para la memoria: el presidente Santos nos abrochó con un IVA del 19% y para remachar los hizo el 28 de diciembre…tan inocente.

El presente de navidad que le hizo el señor Uribe a Carlos Slim al obsequiarle Telecom también fue en fin de año. Igualmente, con la venta de ISA y otras empresas generadoras regionales de energía iniciaron su enajenación parcial – y en algunas, total, bajo la figura de “aprovechar el fin de año”. 

También nos obsequiaron a los colombianos la liquidación de la Caja Agraria cuyo proceso se inició a mediados de 1999, pero en diciembre se concretó de manera violenta, pues las oficinas fueron tomadas a la brava por la fuerza pública, al igual que el instituto de Seguros Sociales (diciembre de 2012), situación reprochable, pues no dejaron, en algunos casos, que los empleados entraran a su sitio de trabajo a desocupar sus escritorios. ¿Qué buen regalo de navidad!  

El proceso de liquidación de Cajanal y el Incoder, que también culminaron en 2012, al igual que hospitales estatales, fueron cerrados en diciembre. Los que han feriado las gallinas de los huevos de oro a precio de huevo de gallo lo hacen en diciembre, dizque para ajustar balances y cerrar vigencias presupuestales. Menos mal que nadie se da cuenta que en la época decembrina no hay actividad legislativa, atención pública y fiestas y parrandas por todos lados. No, pues, tan considerados, nos dan el ¡presente perfecto!

Así que, si le regalan un caballito de madera, una muñeca de trapo o un sobrecito con 50 mil, siéntase afortunado. Es mejor eso a que le regalen una subida de impuestos. O de transporte intermunicipal. Y yo, como regalo de Navidad, los dejaré descansar hasta el próximo año.  ¡Feliz navidad y excelente 2026!

PREGUNTA CHIMBA: ¿Cuándo se convencerán algunos torpes de que la pólvora quema?   

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