Opinion

EMPALME DE YO CON YO

Por Manuel Álvaro Ramírez R.

Un empalme es una serie de reuniones de los diferentes despachos ministeriales, departamentos administrativos y demás dependencias que componen el gobierno, de manera que la transición debería ser un proceso tranquilo y sin aspavientos mediáticos, pero si se tratara de un país democrático y Colombia no lo es. No por lo menos en todos los ámbitos en los cuales debería funcionar la democracia.

Para ser precisos, a Colombia le impusieron desde afuera, un presidente que actúa para la galería, no alguien que gobierna, sino un sujeto que combina el escándalo exhibicionista de estrella de rock, con el lenguaje autoritario de los herederos de Zapateiro, el mismo que salió, para vergüenza de la institución que representaba en ese momento, el Ejército, a sumarse a las plañideras del Cartel de Medellín para lamentar la muerte de Popeye. De manera que todo en el presidente postizo es canutillos y lentejuelas, luces, pólvora, bochinche y aspaviento, todo lo contrario, a lo que se le exigió al gobernante saliente. Así las cosas, de ahora y por un buen tiempo tendremos un mandatario farandulero que enviará mensajes estridentes para la gradería y unas señales claras para quienes tienen que ver la función por las rendijas.

Una vez entregada la credencial que lo acredita como Presidente de la República, se anunció con bombos y platillos que el Banco Interamericano de Desarrollo BID entregaría US$60 millones de dólares no reembolsables para el empalme y como era de esperarse se dispararon las alarmas, porque no es usual que las entidades crediticias regalen tanto dinero para unas reuniones donde si acaso a quienes participan lo único que ofrecen es, a veces, tinto. Además, se publicó que sería un ‘Empalme anticorrupción’, vaya uno a saber lo que eso significa.

Cuando se supo el apellido que se le pretendía poner al susodicho empalme, el presidente Gustavo Petro respondió, que, para garantizar la transparencia, las reuniones serían televisadas por Inravisión Sistema de Medios Públicos. La respuesta del presidente ADLE, como ahora se le llama para ahorrar tiempo, fue patear el tablero y declarar que se suspendían las reuniones de empalme. Acto seguido Petro anunció que éste sería con y ante el pueblo, mejor dicho, yo con yo en cada lado.

En ciencia política se aprende que cuando un grupo llega al poder, envía unas señales al resto de la sociedad, pero, sobre todo, a los demás grupos que aspiran a manejar el gobierno. Tomemos por ejemplo al designado ministro de agricultura Indalecio Dangond Baquero, un representante del sector financiero en instituciones vinculadas a las grandes empresas agroindustriales entre las que sobresalen las productoras y comercializadoras de aceite de palma. Este futuro ministro, se sabe ahora, fue el encargado de estructurar el proyecto mediante el cual el Fondo Financiero Agropecuario Finagro, le otorgó un crédito de $400 millones de Juan José Lafourie Cabal, de los cuales unos $95 millones constituyen el denominado Incentivo a la Capitalización Rural ICR, de manera que de los $400 millones don Juan José sólo tendrá que devolver algo más de $300 millones gracias a que Indalecio Dangond se dio las mañas para hacer aparecer a don Juan José como un humilde campesino, pequeño productor de alguna cosa, pero pequeño al fin de cuentas.

En cuanto se supo, y como es de rigor en estos casos, estalló el escándalo y muchos incautos creyeron que se le había aguado la fiesta a Dangond Baquero, cosa que no sucedió, esas son las señales que se mencionaron anteriormente. No importa que el tipo sea acusado de corrupción, la señal es clara: estamos al mando y por eso lo pusimos ahí, sabemos lo que hace y precisamente por eso lo escogimos, porque sabe lo que tiene que hacer.

En este orden de ideas, se han venido conociendo los nombres de quienes conformarán el gabinete y no hay absolutamente ninguna sorpresa: personajes acusados de corrupción, líderes religiosos protestantes que quieren volver a un estado confesional pero no católico sino evangélico, sujetos dispuestos a convertir los recursos públicos en la fuente de enriquecimiento ilícito de la jauría que espera ansiosa la posesión del sátrapa, militares en retiro con sed de venganza contra quienes se han atrevido a señalarlos ante la justicia como los delincuentes violentos que son y, en general, un grupo de avanzada dispuesto a hundir este país en la barbarie, la injusticia, el saqueo inmisericorde y la violencia necesaria para garantizar que puedan operar a sus anchas y sin cortapisas. Nada nuevo.

En síntesis, quizás no habrá empalme, pero desde ya se está ambientando el escenario para salir a partir del siete de agosto, a decir que todo el gobierno fue una alianza siniestra de corrupción; que los bonos de los ancianos quebrarán las finanzas y que los salarios decretados por este Gobierno tenían a los empresarios a punto del colapso. Vendrá una persecución mediática, judicial y paraca contra el Presidente y sus colaboradores cercanos; contra Iván Cepeda y Aida, porque no les basta haberle asesinado al primero el padre y el esposo a la segunda, quieren, piden, demandan, exigen, necesitan, sangre, mucha sangre, corrotancados como decía mi general Montoya; muchos optarán por el exilio, pero Petro, Consciente de lo que se nos viene encima ya anunció que se quedará para organizar la resistencia. Estos días aciagos apenas están comenzando.

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