EL ESTADO DE LA DESUNIÓN

Por: Manuel Álvaro Ramírez R.
Todos los años, el Presidente de los Estados Unidos ofrece un discurso conocido como El Estado de la Unión. (Aquí pueden escucharlo en traducción simultánea https://www.youtube.com/watch?v=ufWI9ionhMk. Es una especie de lo que aquí llamamos rendición de cuentas. Este año le correspondió, como tenía que ser, a Donald Trump, pero el título resultó el más inapropiado quizás de toda la historia de los norteamericanos, porque lo que se vio fue cualquier cosa menos la expresión de una nación unida alrededor de algo. Acaso con una efímera excepción cuando desfiló el equipo de jockey que había ganado un campeonato mundial de ese deporte, que muy poco eleva los ánimos de los colombianos de a pie y por eso pasó un poco desapercibido.
Lo que realmente mostró ese discurso fue un presidente arrogante dirigiéndose a un Congreso dividido, al punto de reclamarle a una parte del auditorio porque no aplaudía como lo hacía la pandilla de áulicos para aclamar sus victorias épicas, entre las que se repitió, una vez más, el haber acabado ocho guerras de las que nadie tenía ni la más remota idea.
Fue patético ver la mitad del recinto aplaudiendo de pie de forma intermitente cada vez que el mandatario relataba una hazaña, mientras en la otra mitad se veían señales de desaprobación y hasta gritos ahogados por el murmullo de una representante musulmana llamada Ilhan Omar quien le decía “Tu eres el asesino, has matado a los estadounidenses”. Algunos radicales, llevaron en sus solapas un sticker que decía ‘Release the files’ (Desclasifiquen los archivos) en alusión a los documentos de Epstein.
No existe un discurso del Estado de la Unión tan virulento, donde un presidente haya insultado de manera tan violenta a sus opositores, les dijo que deberían avergonzarse de sí mismos por no acompañarlo en todas sus fechorías. Llamó a los senadores y representantes a ‘poner fin a las ciudades santuarios que protegen a los delincuentes e impongan sanciones a los funcionarios que impiden la expulsión de extranjeros delincuentes, en muchos casos se trata de capos de droga y asesinos repartidos por todo nuestro País’. Seguramente la representante a la Cámara de Representantes en Colombia Ángela María Vergara se sintió aludida al ver el concepto en el que tiene Trump, su otrora ídolo, a su hijo.
Fue un discurso racista, xenófobo, insultante y grosero, que, sin embargo, mostró las reales dimensiones de lo que encarna el mandatario gringo. Era sintomático ver la forma desafiante, prácticamente un reto provocador a la bancada demócrata cuando les mostraba a la turba de energúmenos como él, aplaudiendo a rabiar, como quien dice ‘miren todos los que me apoyan’ pero el malestar en las graderías era evidente. La masa aplaudía y el sátrapa recibía humildemente la ovación, sólo le faltó levantar los brazos y llorar humildemente ante tanta expresión de incondicional amor.
Otro momento bochornoso se presentó cuando el representante Al Green fue sacado por el personal de seguridad cuando desplegó un cartel que decía ‘Los negros no son simios’ con el propósito de recordarle a Trump su rechazo a un meme que éste había publicado en el cual la pareja Barack y Michelle Obama fueron representados como primates.
No fue un discurso que llamara a la unión sino a la discordia; recordó que Nueva York estaba gobernada por un comunista, se atribuyó haber dado de baja al ‘Mencho’ cabecilla del Cartel de Jalisco Nueva Generación, sin siquiera mencionar que tal operación fue llevada a cabo por las fuerzas armadas de México, aunque es cierto que contaron con información de inteligencia gringa, se vanaglorió del secuestro del presidente Maduro al condecorar al piloto que lo transportó, pero que volvió parapléjico, contrario al relato de operación quirúrgica sin bajas y se lamentó que no pudiera autoimponerse la medalla de honor del Congreso, de la misma forma que no ocultó su decepción porque no le otorgaron el Premio Nobel de la Paz porque el Comité del Nobel, entre el cáncer y el infarto prefirió el cáncer.
Lo que quedó claro es que Trump ha llevado a su país hasta el borde del precipicio, ha polarizado a su pueblo de tal manera que incluso hay quienes creen que podría desatarse una guerra civil. Las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas conocido como ICE por sus siglas en inglés, ha actuado como la policía política de Trump, como las Camisas Pardas hitlerianas o las Camisas Negras de Mussolini y ya ha habido enfrentamientos en las calles, punto peligroso cuando la gente empieza a perder el miedo. Ese puede ser el punto de inflexión.
Por lo que se vio, no la tiene fácil Donald Trump para las elecciones de midterm como allá las llaman y seguramente el péndulo se devolverá a los demócratas, que no a la izquierda porque no se puede olvidar que el demócrata Joe Biden fue un incondicional aliado del carnicero Netanyahu, pero a no ser que se cumpla en política la Ley de Murphy según la cual todo lo que pueda salir mal puede empeorar, es probable que en el seno de los Estados Unidos le paren el macho a este sujeto que ha ganado dos veces la presidencia de los Estados Unidos. Ahora, como último pataleo en su desesperación le dio por atacar a Irán, último recurso de todos los presidentes gringos en trance preelectoral. El mundo está en manos de un sicópata armado.



