LA ESTRATEGIA DE CARACOL

En la mañana del pasado miércoles 19 de octubre, don Gustavo Gómez Córdoba, uno de los abnegados y acuciosos nuevos altares de la verdad en Colombia, se dolía de la patota de influencers y bodegas pagadas por alguien de la alcaldía de Medellín para hacerle bombo a la entrega de 25 mil computadores.

Si bien es cierto que algunos mandatarios regionales han tomado la costumbre de cacarear cualquier huevo, por ínfimo que sea, -así tengan huevo- también lo es que a pocos les consta que estos influencers sean pagos y si lo son, que sean con el dinero de quién. Son especulaciones, pero, así como las brujas, que los hay los hay.

Sea como fuere el asunto, la verdad es que nadie, o casi nadie, confiesa que paga por mover tendencias y hacer comentarios en cuentas y perfiles falsos. Por lo menos por los lados de la izquierda no conozco ninguno al que tengan que pagarle por opinar que el gobierno estuvo mucho tiempo en manos de una secta anacrónica, fanática, medieval y violenta.

La prensa hegemónica debe comenzar a poner las barbas en remojo porque los medios alternativos y las redes sociales les están robando la clientela. Tiempos pasados fueron los que reunían a la familia alrededor de El Espectador o El tiempo. Ahora eso es tiempo perdido.

Las vickysdávilas, los velecitos, los néstormorales y toda esa horda de áulicos portavoces de nuestra anquilosada y repulsiva derecha deben entender, de una vez por todas, que la gente ya no les come cuento y que su escasa audiencia está cada vez más sola y más perdida que el hijo de Lindbergh. Están dejando ir poco a poco los activos más valuados de la prensa: la independencia y la credibilidad.

Para ser buen periodista hay que ser buena persona, decía Ryszard Kapuscinski, y estos malaleches que nombré arriba no lo son.

Lo risible es que el señor Gómez se lamentaba como una magdalena de que a estos influencers dizque les pagan por mover u ocultar información, cuando él mismo censuró al aire a su colega Juan Pablo Barrientos para que nosotros no supiéramos que el gobierno Duque les pagaba, no a influencers sino a periodistas hechos y derechos, como la gente de bien, por hacer lo que él mismo critica, ¿qué tal? Si no me creen, pasen por el siguiente enlace:

https://elexpediente.co/caracol-radio-censuro-publicacion-que-deja-en-evidencia-el-cartel-de-periodistas-en-los-grandes-medios/     

Creo sinceramente que el señor de Caracol no tiene autoridad moral para hablar del asunto. Recibir coimas por desinformar, ocultar o tergiversar información es absoluta ignorancia, falta de ética o simplemente estrategia. Lo más probable es que sea un salpicón de las tres.

Por Rafael A. Mejía A.

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