LA LEGALIZACIÓN DE LA MARIHUANALA

Ofrezco disculpas por escribir esta vez en primera persona, pero, aparte de que voy a exponer mi visión personal sobre el tema que encabeza esta columna, voy a argumentar por qué considero que es tiempo de legalizar la producción y venta de marihuana con fines recreativos.

Viví la época cuando la marihuana era considerada la yerba maldita, se nos metía miedo hace 60 años como el peor de los males y se nos educó en la creencia de que la marihuana era una sustancia que enloquecía a quienes la consumían. Esta percepción comenzó a cambiar en mí, cuando en la Fuerza Aérea prestaba mi servicio militar y conocí la doble moral que se practicaba en los cuarteles donde se reiteraba lo dañina que se suponía era la yerba, pero donde circulaba en cantidades inimaginables al interior en todos los estamentos, incluidos los señores  oficiales.

Creo que no vale la pena describir la forma como se distribuía la bareta al interior del cuartel, pero comencé a cuestionarme lo de la locura subsiguiente al consumo, cuando descubrí que mis compañeros más entrañables y a quienes consideraba impolutos, eran sin excepción, consumidores asiduos. Una vez terminado el servicio militar, Germán Castro Caycedo hizo un documental donde mostró que en varios estados de Norteamérica, el cultivo y la producción era legal y hasta había revistas especializadas que se podían conseguir en cualquier esquina en algunas ciudades de California y otros estados.

En Colombia, Ernesto Samper Pizano, para entonces presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras ANIF, quien posteriormente llegaría a ser presidente de la República, propuso la legalización en Colombia, de manera que el debate lleva ya bastantes años y no se está estrenando porque un representante a la cámara se le hubiera ocurrido confesar que era consumidor desde hace 25 años y que eso no le había impedido un desempeño académico y laboral normal y a mi modo de ver, bastante aventajado, si le creemos a sus declaraciones sobre su carrera de ingeniero civil con dos maestrías y graduado con altas calificaciones.

En algunas ciudades europeas, quizás Ámsterdam sea la más conocida pero no es la única, existen sitios abiertos al público donde venden la yerba para fumarla y hasta pastelitos, exquisitos por cierto. Por tanto, aquí no se está inventando nada, Pepe Mujica la defendió en Uruguay y ya va siendo hora de tomar el asunto con seriedad y sin aspavientos innecesarios.

Hay estudios que muestran que el alcohol produce unos efectos peores que la Marihuana y sin embargo aunque también estuvo prohibido en los Estados Unidos, las leyes  del mercado se impusieron y a nadie se le ocurriría hoy abogar por su prohibición, aduciendo razones  de salud o de seguridad pública. Lo que haga cada quien con su vida es su problema, es un derecho consagrado en la Constitución y nadie puede negárselo.

Por Manuel Álvaro Ramírez*

*Magister en Economía / Universidad de Los Andes

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