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Los pájaros y las escopetas

Iván Velásquez es uno de esos raros personajes que se vuelven famosos por el solo hecho de ser honestos. Ha ocupado muchos cargos, pero eso en este país de corbatas no es una buena carta de presentación. Sí lo es en cambio, su paso como Coordinador de la Comisión de Apoyo Investigativo de la Sala Penal, que tuvo a su cargo las investigaciones que posteriormente se conocieron con el sugestivo nombre de parapolítica.

Este hecho produjo resultados poco usuales en este país tradicionalmente habituado a la impunidad, especialmente cuando se trata de personas de muy alto copete. En efecto, gracias a sus investigaciones muchos congresistas terminaron en la cárcel, entre otros el primo de ´el Señor presidente´ de aquel entonces.

La fama de integridad del magistrado Velásquez trascendió fronteras y en 2014 fue nombrado comisionado a cargo de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, que adelantó un trabajo muy delicado porque llevó a la cárcel a personas de muy alto nivel del gobierno entre ellas al presidente Otto Pérez Molina, de manera que los enemigos que se echó encima no eran ´cualquier lagaña de mico´; estamos hablando del presidente de la República de Guatemala. Este hecho desató una reacción airada de parte del ejecutivo, el presidente Jimmy Morales declaró ´persona non grata´ a Velásquez y fue prácticamente expulsado de ese país, en medio del reconocimiento internacional del expulsado y el repudio a quien lo expulsó.

Ahora, aparece un mercachifle llamado Rafael Curruchiche, quien figura en una lista de Estados Unidos de funcionarios corruptos, acusado de obstaculizar las investigaciones sobre casos de corrupción y ese es el personaje cantinflesco que acusa al hoy Ministro de Defensa de Colombia, bajo el cargo de estar involucrado en el sonado caso de Odebrecht, que tanto ha dado de que hablar en todo el continente.

No tenemos elementos de juicio si el tal Curruchiche es consciente del oso que lo pusieron a hacer, o si realmente cree que puede procesar penalmente a un hombre probo, que les enseñó en su país que una condición para acabar con la corrupción es que nadie puede estar por encima de la ley. Colombia, desde luego, defenderá a su ministro, no por el llamado espíritu de cuerpo, sino porque todo el mundo sabe que lo que se está tramando es una venganza desde los más altos poderes guatemaltecos.

Hemos dicho aquí que la derecha es vengativa y que no se para en pelos para arremeter de forma feroz con quien trate de enfrentarse a los poderes de facto. Sin embargo, hay que resaltar aquí que, aparte de saber la integridad ética y moral del ministro Velásquez, el gobierno actual es justamente la cara opuesta a la que tradicionalmente había llevado las riendas del gobierno. Velásquez es el ministro del Gobierno del Cambio y no están ni tibios si creen que nos vamos a prestar a semejante sainete.

De todas formas, una cosa le agradecemos a este mequetrefe de apellido tan hilarante como sus decisiones: en otras circunstancias, quizás con un Iván Duque de presidente y los medios áulicos a su servicio, podría darse el caso de que serían capaces de procesar a un hombre íntegro, cuyo único delito fue haberle mostrado a la sociedad de Rigoberta Menchú y Miguel Ángel Asturias la clase de mandatarios que la gobiernan.

*Economista, magister en Economía

Universidad de los Andes

aramirez7528@gmail.com

 

 

por: Boyacá Visible

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