POSESIÓN DE LA DESCOMPOSICIÓN

Por Manuel Álvaro Ramírez R
Alrededor de la posesión de ADLE, se ha armado todo un espectáculo, como corresponde, parafraseando al Señor Presidente, al mejor estilo del de Miguel Ángel Asturias. El Electo afirma que lo hará en una guarnición militar en el departamento del Cauca y el Saliente le responde que en las instalaciones militares no se permitirán actos para posesionar civiles. Seguramente en este país santanderista le encontrarán la comba al palo para dejar contentos a tirios y troyanos. Pero la discusión es mucho más de fondo.
Tomar posesión en un cuartel es un mensaje directo a la población, amante de la mano dura contra los opositores de Petro y el corazón grande a favor de los financiadores de la derecha. Los primeros aplaudirán a rabiar y, dicen las malas lenguas, que estaban preparando una incursión con armas traídas desde Ecuador, contra la Minga Indígena que iba a protestar contra el aprendiz de sátrapa. Petro los mandó a quedarse juiciosos en la casa, pero las armas quedarán bastante cerca de los herederos de Quintín Lame.
Ya sabemos lo que viene. Desde Uribe I, aprendimos que el lenguaje violento contra la gente humilde va mucho más allá de simples amenazas. Habrá militares envalentonados que verán en la gente pobre la oportunidad de volcar el odio anidado y empollado durante cuatro años cuando tuvieron que maldecir pasito y soportar las declaraciones de subalternos e incluso de compañeros de armas que en las sesiones de la JEP, ilustraron lo que hay detrás de las jinetas, las charreteras, las barras, las estrellas, los soles y las condecoraciones. Los medios, nuevamente como corresponde, sacarán a diario los escándalos que enlodan al mandatario, y fingiendo sorpresa se preguntarán por qué nada le pasa y desempolvarán un término en desuso, pero muy conocido por los no amnésico-selectivos: El efecto teflón.
La mala noticia, es que todavía no conocemos el sello personal que le imprimirá nuestro Tirano Banderas a sus decisiones, porque si se cumplen los vaticinios pesimistas de María Jimena Duzán, el tipo sí es capaz de romper la institucionalidad, decretar normas inconstitucionales y vociferar a lo Luis XIV de Francia, que el Estado es él y sólo él. No se sabe hasta qué punto las altas cortes podrán frenar los atropellos, pero por lo que se ha visto, nada raro que sean capaces de torcerle tanto el pescuezo a las normas, que podrían legitimar decisiones grotescas y disfrazarlas de estrictamente ajustadas a la ley y a la Constitución. Casos se han visto.
Como marco general de lo que está sucediendo, hay que señalar que el Gobierno de Donald Trump publicó en noviembre pasado la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos donde se “expone una visión para un mundo libre, abierto, seguro y próspero, y establece un plan integral para hacerlo realidad” y aquí, hay que tomar con pinzas cada palabra porque su contenido puede ser bastante inquietante entre la gente desconfiada, como tiene que ser la mayoría de colombianos frente a un mandatario que prometió destripar a la izquierda. En efecto, ‘mundo libre’ traduce países alineados incondicionalmente a los Estados Unidos, ‘abierto’ quiere decir dispuesto a ver como le saquean sus recursos o les ceden tierras para establecer las llamadas granjas de Inteligencia Artificial o de minado digital. ‘Seguro’ significa poder actuar a sus anchas sin controles incluso violando leyes que en su país sería impensable pero no en un territorio ocupado. Guantánamo es un buen ejemplo de esa seguridad. Además, ‘próspero’ quiere decir lugar donde un selecto grupo se enriquecerá a costa de la soberanía y ‘plan integral’ traduce una serie de medidas orientadas a asegurar la ejecución de un programa diseñado y ejecutado en los Estados Unidos, sin posibilidad de que los habitantes afectados puedan decir ni mu.
Esa es la realidad a la que Colombia se enfrenta, que ya empezó a avanzar y que de no ponerle freno amenaza con perder los estribos y galopar en forma desbocada dejando a su paso, ruina, dolor y muerte. No es ninguna exageración. Según lo afirmado por Juan Orlando Hernández, el narco indultado por Trump, ‘si hay que matar se mata’ y en ese contexto con seguridad que habrá que matar y lo peor que podría pasar, es que los grupos armados tomen nota de que el Estado no cumple el Acuerdo de Paz y se conviertan en los interlocutores de sectores amenazados o agredidos en vista de que se usarán las armas en su contra y les brindará sin proponérselo, la perfecta justificación para retomar la lucha armada a muchos desmovilizados.
En este sentido, hay que decir que el Estado Colombiano ha sido un Estado faltón. Siempre ha incumplido la palabra y los ejemplos abundan desde cuando Cristobal Colón se hizo el loco con Rodrigo de Triana cuando éste reclamó el jubón y la pensión vitalicia que don Cristobal prometió al primero en avistar y gritar ¡tierra! El Estado Incumplió también las capitulaciones acordadas con los Comuneros, comenzando por el descuartizamiento de José Antonio Galán; pasó con Simón Bolívar y sus sucesores que hasta el sol de hoy no le han dado el ascenso a José Pascacio Martínez, el niño soldado que capturó a Barreiro. Lo hizo nuevamente con Guadalupe Salcedo a quien asesinaron después de haber firmado un acuerdo para dejar las armas y lo ha hecho siempre con quienes han confiado y se han comprometido con acuerdos de paz.
Por tanto, ante esta realidad que ya nos cayó encima, hay que actuar discutiendo en familia, con los amigos y los compañeros de trabajo, no importa si votaron por Abelardo, sin insultos, pero con el objetivo claro de conformar un frente capaz de oponerse a la máquina de agresión que, una vez posesionado, amenaza con aniquilarnos.
