Sogamoso entre las ciudades más corruptas del país.

EL PARTIDO VERDE SE DIVIDIÓ ENTRE, VERDES CLARITOS Y VERDES OBSCUROS O URI-VERDES-AMAYISTAS: LA CORRUPCIÓN A FLOR DE PIEL.

El alcalde de Sogamoso posee la coartada perfecta, además de estar haciendo un doctorado, probablemente en corrupción, es profesor universitario. Para Amaya y Wilmer Leal, que fue expulsado por haber plagiado un trabajo en la Maestría que cursaba en la universidad Externado, Rigoberto Alfonso es un perfecto aliado para confundir a los ciudadanos, habida cuenta que él si viene directamente del uribismo, pero en materia de negocios por debajo de la ruana son  exactamente iguales, por eso será que el alcalde no deja de decirle a Leal: El jefecito, por algo será, porque no fue, Leal, el que le consiguió el aval para la alcaldía.

Rigoberto llego con mucha expectativa, la gente esperaba que realmente la ciudad cambiara en algo, pero sorpresa, él resulto más sobrador que sus antecesores. El despacho no es en la alcaldía “oficial” sino en cualquier secretaria, no da la cara y cuando la da, es para humillar a los ciudadanos que necesitan hablar con él, los maltrata, su aire de sobrades se les nota a leguas, se la pasa jugando a las escondidas. En realidad, ese no es un problema tan grave, aun que debería serlo. El problema grave es la corrupción de la ciudad, se convirtió en uno de los alcaldes más corruptos del país, solo superado, y quizá no, por los del Choco, la Guajira o la mayoría de la costa atlántica.

Dice el profesor Gilberto Tobón Sanín: “todo el sistema de contratación del Estado, pero aún más gobernaciones y alcaldías están diseñados para robar”. La alcaldía de Sogamoso, obviamente no se salva e incluso va más lejos de lo que nos dice Tobón Sanín. Nuestra ciudad se convirtió en un paraíso para alcaldes como el caso de Rigoberto Alfonso, el cual ha sido el que más lejos ha llegado en materia de cinismo frente a la forma de cobrar porcentajes en la contratación. Si el lector hace un cálculo muy rápido y le saca el 10% cuando el alcalde es “honrado” nos dan sumas astronómicas para una ciudad tan pobre y endeudada.

15 mil millones, se puede llevar tranquilamente el alcalde, “honrado” es un sistema tan bien montado que los contralores departamentales, son los antiguos jefes de campaña, de los elegidos.

Por tanta corrupción es que Sogamoso, perdió esa capacidad de civismo y solidaridad, que la identificaba a nivel departamental y nacional como una ciudad pujante y con desarrollo futurista. Hasta sus secretarios se convirtieron en alumnos aventajados, cultura y educación son los casos más emblemáticos, el uno por cobros directos y el otro por amiguismo y quizá por ignorancia de la cartera encomendada. En este segundo caso es necesario que la gente sepa, que el alcalde lo que tiene es firmones, para que coman callados a la hora de firmar un contrato, claro está que eso ocurre, cuando el secretario se entera de que se trata, porque en muchos casos el secretario desconoce lo que firma. Para el alcalde entre más ignorante sea el secretario mucho mejor, porque no se entera de lo que firma, y sobre todo, no le genera competencia, como en el caso del ex secretario de Cultura, Albeiro Acevedo Guzmán.

División interna

En el seno del partido verde se generó una división, de un lado los verdes claros liderado por Jorge Londoño y en Sogamoso por Alejandro Gutiérrez. Del otro lado, los verdes obscuros o Uri-verdes, liderados por Carlos Amaya. Los Uri-verdes se han ganado esta fama por la forma como Amaya, Wilmer Leal y otros súbditos de Amaya, han manejado la contratación del departamento, y por las relaciones que sostienen con partidos políticos cuestionados en contratos y corrupción en todos los órdenes a nivel nacional. Lo chocante de los Uri-verdes es que quieren pasar como “transparentes,” como diferentes a los demás partidos, de hecho, a la gobernación llegaron con la consigna de “gente joven”, “preparada” y “anti corrupta.” Años después la constatación de los boyacenses es muy diferente; ni lo uno, ni lo otro.  En la antesala de una nueva elección, los verdes obscuros, tienen tapizado el departamento con vallas de los candidatos preferidos del ex gobernador, para la Cámara Wilmer Castellanos. Solo entre el peaje de límites, (límites de Boyacá con Cundinamarca) y Tunja, se cuentan decenas de vallas de su candidata al Senado y de su candidato a la Cámara. Todas las personas que tengan una OPS con el departamento, incluyendo Sogamoso, donde reina un Uri-verde de pura cepa, son obligados a asistir a reuniones, como el día de la inauguración de la sede de campaña del candidato oficial a la Cámara del ex gobernador, sede que queda en la casa del señor Uri-verde alcalde de Sogamoso, pero además los obligan a llevar una lista de familiares o amigos con numero de celular, para verificar si conocen bien al contratista, de la OPS que entrega la lista. En esto es experta la candidata oficial al Senado de Amaya, Carolina Espitia, ella es perfecta conocedora en materia de aceite de maquinaria corrupta, cuando estuvo en la gobernación de forma humillante y con aire de sobrades, exigía a las OPS de la gobernación, en Tunja, la famosa lista con conocidos o familiares, ella personalmente hacia las llamadas a ver si, sí, correspondía a la entregada por el aspirante a quedarse con el puestico en la gobernación, esta señora con risa fingida hoy es fácil de identificar, porque es la otra candidata que tiene el departamento tapizado con su fingida sonrisa.

Amaya va desde los más simple a lo más complejo en materia de corrupción. En lo simple su propio padre fue “asesor” en la UTL (unidad técnica legislativa) de Neila Ruiz, su hermana en la UTL de Wilmer Leal, o su hermano nombrado en la actual gobernación como Secretario de Tecnologías. Se tomaron la UPTC, con uno de sus hermanos en el Consejo Superior. En lo complejo, el señor Amaya saldrá a negarlo, pero entre la alcaldía de Bogotá y el ex gobernador hay un carrusel de “favores,” intercambio de contratos y nombramientos, para ser claros, un carrusel de corrupción. Pero también carrusel con la costa atlántica. Por ejemplo, uno de los contratos que está en investigación, fue el de educación para adultos por 17 mil millones con la fundación SOS de Lorica Córdoba, la cual recibió un anticipo de 2 mil millones de pesos, cuando la fundación contaba con un millón de patrimonio, su representante legal fue capturado en 2017, por declarar alumnos fantasmas en varios departamentos del país. Luego, Amaya, no podía no saber, que esta fundación estaba involucrada en una asociación para delinquir, habida cuenta que el representante legal de la fundación, como el exalcalde Francisco Jattin y la exalcaldesa Nancy Sofia Jattin, no solamente fueron detenidos por el CTI, también por alumnos fantasmas, sino que, además, son hermano y prima respectivamente de Zuelama  Jattin, ex congresista condenada por paramilitarismo.

El señor Amaya, que no hace sino hablar de su pasado pobre y difícil, se quiere convertir en el todo poderoso de Boyacá, cueste lo que cueste. Pero lo más importante es que, lo que está de por medio, es la plata de los boyacenses. El discursito de lastima, cuando se ve perdido frente a las evidencias de corrupción, ya no va más. La pregunta que queda es: ¿cuál ha sido el desarrollo de Boyacá durante 6 años de gobierno de los obscuros Uri-verdes, donde está la solvencia moral que tanto pregonan? Estos se convirtieron en una mafia, peor que la que ellos supuestamente denunciaban. El señor Amaya resulto otro alumno aventajado, al mejor estilo uribista.

FERMÍN BARRERA ÁLVAREZ

Dr. En Sociología Política: Políticas
Públicas: Políticas de Educación.
Universidad la Sorbona de Paris. Paris 5

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