TRASCENDENCIA DEL VOTO EN 2022
Por Jorge Armando Rodríguez Avella

Colombia se encuentra en un sitio especial en su historia política. Las elecciones del próximo 2022 marcarán un hito, la decisión ciudadana que se expresará en las urnas deberá marcar el derrotero para los próximos años. Por más de doscientos años el país ha sido dirigido por la misma clase política, con razón dicen que toda la clase política en América ha cambiado con excepción de la colombiana. En esta dirigencia se repiten, a lo largo de su vida republicana, apellidos y lazos familiares se encuentran dentro de quienes han gobernado ¾ y sobre todo con la misma ideología atrasada, negada a cualquier cambio progresista. Los asomos de cambio promovidos y propuestos desde el siglo XIX han sido sofocados con represión y muerte, con la constante de que siempre han resultado beneficiados los escasos miembros de la poderosa casta terrateniente.

Según los estudiosos de la historia conflictual colombiana, sean estos nuestros historiadores nacionales o los colombianólogos extranjeros, la principal causa de las numerosas y sangrientas guerras es la desigual tenencia de la tierra. Es la propiedad de la tierra convertida en factor de poder, como se instauró una clase política poderosa que ha ido heredándose las decisiones sobre el manejo del Estado y excluyendo la participación de amplios sectores de la población.

Desde sus comienzos la frágil democracia colombiana restringía la participación electoral a los hombres que sabían leer y escribir ¾pero no así a la hora de pagar impuestos¾. Con dos agravantes más: la educación no era accesible a todos y, gracias al Concordato de 1887, era impartida por la iglesia católica que claramente favorecía los intereses de los terratenientes. Solo en 1936 se amplió a todos los hombres mayores de 21 años y el voto femenino llegó a partir del 1 de diciembre de 1957, por iniciativa ¾¡Oh paradoja! ¾ del dictador Rojas Pinilla.

Sobre la participación electoral la dirigencia política tradicional ha encontrado mecanismos que favorecen que siempre permanezcan grupos que mantengan la política tradicional. Y consiste en promover la abstención, sin que se note demasiado. Pocas o ninguna campaña sobre la importancia que tiene para la democracia el ejercicio político del voto. Se limitan a dar fechas e invitar a votar como lo hace una alcaldía para anunciar la inauguración de cualquier obra de infraestructura.

Es tal la incomodidad que la oligarquía siente por la participación popular, que suprimió la cátedra de historia en la educación, a pesar de que durante mucho tiempo se impartía esa cátedra bajo la égida, como se anotó antes, de la iglesia católica. Pero ante la avalancha de la modernidad ¾no reconocida ni aceptada por la oligarquía¾ y su inevitable incidencia en el conocimiento, los políticos tradicionales acuden a cualquier mecanismo para evitar que el pueblo masivamente conozca cómo ha sido gobernado y por quiénes.

De ahí que la coyuntura actual despierte grandes temores en la casta gobernante. Es debida a las enormes muestras de descontento frente a las políticas gubernamentales tendientes al empobrecimiento de amplios sectores sociales, en contraste con el favorecimiento a las multinacionales, al capital financiero, a los terratenientes y a las grandes fortunas. Todo aunado con la complicidad del alto gobierno y los entes de control con la corrupción que se ejerce a la mirada de todos sin que suceda nada para impedir que se sigan cometiendo arbitrariedades.

Frente a la protesta la reacción del gobierno ha sido la violencia policial y soterrada de grupos de civiles armados y ante la acción legítima de líderes comunitarios de diferentes sectores ¾ambientalistas, indígenas, desmovilizados, LGTB, etc. ¾ la respuesta ha sido el asesinato y la amenaza, para ubicar a Colombia como el país que más líderes ambientalistas asesinados del mundo.

La juventud es la que con su voto puede dar el revolcón que las generaciones precedentes no lograron. El 2022 es el año que puede introducir a Colombia por los senderos de la modernidad, del inicio del fin de los conflictos armados y del comienzo de una ojalá larga caminata por los senderos del humanismo y de la disminución de iniquidad.

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