Opinion

LA ESTRATEGIA NACIONAL DE SEGURIDAD

Por Manuel Álvaro Ramírez R.

Así se titula un reciente documento escrito por, o mejor para, Donald Trump, en noviembre de 2025, que empieza con una chorrera de autobombo y con un complejo de Adán como si la historia norteamericana hubiera iniciado con él. Comienza con las siguientes afirmaciones que, si no vinieran de un presidente norteamericano, serían un buen libreto para una película humorística. Dice el texto:

Durante los últimos nueve meses hemos rescatado a nuestra nación -y al mundo- del borde de la catástrofe y el desastre. Después de cuatro años de debilidad y extremismo y fallas mortales, mi administración se ha movido con urgencia y velocidad histórica para restaurar la fortaleza [norte]americana dentro y fuera y llevado paz y estabilidad a nuestro mundo.

Ninguna administración en la historia ha logrado tan dramático giro en tan corto tiempo.

Este lunático comienzo es la introducción de lo que Donald Trump dijo en Davos Suiza la semana que acaba de terminar y la presentación de lo que el gobierno norteamericano pretende llevar a cabo durante esta administración. Describe una serie de planes que en cualquier sociedad seria hubiera saltado las alarmas y los periódicos alertarían sobre los peligros explícitos, pero sobre todo implícitos consignados en el documento. Pero no, la sociedad está sometida a un letargo calculado mediante los realetes, los escándalos de farándula, las noticias truculentas y el sensacionalismo político que pretende exaltar figuras irrelevantes y minimizar opositores. Del periodismo, no se puede esperar nada desde cuando Michael Corleone dijera la frase para justificar la muerte del capitán Mark McKluskey “tenemos periódicos que escribirán sobre un policía corrupto. Dónde dice que no se puede matar a un policía”. Y lo mató y la película muestra las rotativas al servicio del poder con grandes titulares justificando el asesinato.

Entonces como la prensa tiene su agenda propia, les corresponde a personas que no compartan ese unilateralismo denunciar los peligros nada despreciables que se avecinan. Dice el documento que uno de los mayores logros ha sido comprometer a los países miembros de la OTAN para destinar el 5% de PIB a gastos de defensa, lo que significa reducir programas sociales, porque de dónde más va a salir la plata, para comprarle armas y municiones a Estados Unidos. Eso ya ha generado reacciones en Europa donde los recortes en los presupuestos de salud, pensiones y educación se han implementado y esto es solo el comienzo, porque si algo nos ha enseñado la historia es que la gente no se deja imponer dócilmente la soga.

Pero lo más importante para América Latina es la parte que se refiere al control hemisférico. A este respecto dice el documento: “Después de años de negligencia los Estados Unidos reactivarán y reforzarán la Doctrina Monroe, para restaurar la preeminencia [norte]americana en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio y nuestro acceso a lugares geográficos claves en la región”  y continúa “No permitiremos que competidores no hemisféricos ubiquen fuerzas que amenacen nuestro acceso [exclusivo] a lugares o activos estratégicos en nuestro hemisferio” y remata con que este es el legado, el “Corolario Trump”. Nótese que la palabra más recurrente en este delirio fantoche es Nuestro. Es decir, de ellos, de Trump y su camarilla que sin anestesia nos informa que nos van a robar de frente y sin eufemismos. Se le agradece eso sí la sinceridad.

Esta es la amenaza que se cierne sobre todo el continente. Es una advertencia a la posibilidad de acercamientos con China que a diferencia de Norteamérica no exige sometimiento, sino que ofrece opciones de desarrollo sin condiciones serviles. Ya se ha visto como los Estados Unidos han intervenido abiertamente en los comicios en Argentina, Ecuador, Bolivia, Perú y más recientemente en Honduras donde el fraude fue evidente y, que se sepa, allí nadie está preocupado reclamando las actas.

Para Colombia la amenaza es mayor, han tratado de atar al Presidente, lo incluyeron en la Lista Clinton, lo amenazan, descertificaron al País y seguramente acudirán a lo que sea para empotrar nuevamente a la derecha en el poder. Esa derecha servil y lacaya a la que no le importa tener que arrodillarse y arrastrarse con tal de que el imperio le tire las sobras del saqueo imperialista. Pero esta amenaza tiene una arista menos explorada. Se trata de la reacción armada que ha sido la respuesta a toda pretensión injerencista y que podría arrastrar no sólo a los gringos sino a la sociedad entera. Cuba mostró el camino, Vietnam lo corroboró y Afganistán enseñó la importancia de la perseverancia.

 Lo que el mundo está viviendo es la decadencia de un imperio que debido a las contradicciones internas del capitalismo es incapaz de solucionar la lucha fundamental entre el capital y el trabajo. No obstante, el hecho de ser un imperio en decadencia lo convierte en un actor sumamente peligroso, porque poseen el arsenal bélico más letal que haya construido la humanidad y que al sentirse acorralado como último recurso tratará de vender muy cara su derrota. El problema es que puede ser el fin de la civilización y se cumpliría el vaticinio atribuido a Albert Einstein según el cual la siguiente guerra mundial, si hubiera otra, se lucharía con palos y piedras. Aun así, con tan catastrófico panorama, Colombia debe seguir en la búsqueda de caminos alternativos: Gustavo Petro sólo fue la cuota inicial.

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