UN PARAÍSO EN BOYACÁ

Por Lizardo Figueroa
Bien se dice que Colombia es el país de la belleza; toda su geografía ha sido bendecida por el creador; pareciera que el Gran Hacedor hubiera escogido en América un sitio de su predilección para solazarse plasmando toda su genialidad en mil maravillas.
Desde San Andrés y Providencia con su mar de colores, sus litorales, costas, sabanas, cordilleras, llanuras y selvas son postales de ensueño admiradas por propios y visitantes.
Todos los rincones de la patria bendecida de Gabo, de Shakira, de Lucho Díaz y Nairo Quintana tienen su encanto.
Pero definitivamente en nuestro suelo hay una franja que sobresale por sus verdes naturales, su nevado, sus montañas que asoman los soles mañaneros y despiden el día con sus bellos arreboles y el sol de los venados muy arriba de Mongua; es la tierra de los fríos intensos que obligan al abrigo de la «cuatro puntas» cardada, como el fresco vestir en sus tierras ardientes; es la tierrita del humilde sumercé, del torbellino y la carranga, de la papita y el guarapo; la de Monguí y las Sátivas, la de Ráquira y Chiquinquirá, la de Tenza y Chivor, la del Chicamocha que pasa silencioso por Paz de Río, la de Ramiriquí y Soatá, la de Puerto Boyacá sobre el Magdalena, la de las esmeraldas de Muzo y los bocadillos de Moniquirá; en fin, es la entrañable tierra consentida de Boyacá; justo en su corazón la apacible Santa Rosa de Viterbo que muestra lo más parecido al Edén: las veredas del Valle de Cuche y sus topónimos singulares El Salitre, Cuche, Cachavita, La Creciente, La Chorrera, El Tungón y Tunguaquita, con sus praderas de ganado lechero, sus labranzas de hortalizas, sus duraznos y su centenaria artesanía de cuero.
Muchos paisanos de Duitama y Sogamoso que hacen patria en su cotidianidad laboral urbana, resolvieron construir sus nidos de familia en la tranquilidad de este rincón paradisiaco, arrullado por el canto de las mirlas en la mañana, los olores a eucalipto, los cielos azules y los silencios absolutos de la noche, arrunchados y bien abrigados con las cobijas de Nobsa.
El compositor sochano Juan C. Goyeneche cantaba:
«Boyacá, tierra linda, cuánto te quiero; cuna eres de poetas y labradores».


