Opinion

LA TIERRITA: ORGULLOS Y VERGÜENZAS

Por Lizardo Figueroa

Boyacá es bendecida; aquí se encuentran todas las maravillas del Gran Hacedor del universo; sus verdes de todos los tonos, la suave brisa helada que viene del nevado del Cocuy y de sus montañas, de la que nos arropa la ruanita nobsana, como el calor de las tierras ardientes; tenemos todos los climas que producen comida diversa; somos el taller de la libertad de América; en las entrañas de nuestros suelos están los minerales que impulsan la industria; producimos la energía eléctrica que mueve medio país; la capacidad emprendedora de nuestras gentes en todos los frentes de la economía nos ubica como uno de los departamentos de mayor dinámica técnica industrial, amén de ser la ruta preferida del turismo.

La cultura, la proverbial calidez y hospitalidad de nuestros moradores es reconocida nacional e internacionalmente.

Resulta interminable el listado de maravillas que sustentan el sano orgullo que tenemos.

Sin embargo, infortunadamente hay otros peros y lunares que nos sonrojan y afrentan ante la opinión pública de la patria, provenientes de algún sector político que hoy es escándalo nacional merced al ruido de los medios de comunicación.

La justicia, que suele ser lenta y tardía, nos sorprende una vez más por estos días con sus fallos condenatorios hacia un boyacense de amplia figuración política; si bien nuestra sociedad provincial no es la única en padecer este tipo de vergüenzas, es innegable que estas realidades con linderos en los códigos penales laceran el espíritu boyacense; vergüenza ajena le llaman.

Esperable es que, en compensación a estas coloreadas, la otra orilla del talento, ingenio, inteligencia y probidad de la paisanada puedan resarcir en algo estas ofensas inmerecidas que nos duelen a los boyacos de pura y noble raza.

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