Opinion

COSCORRÓN

Por Manuel Álvaro Ramírez R.

Murió Germán Vargas Lleras, que en paz no descanse.

No bien acababa de anunciarse el deceso del exvicepresidente Germán Vargas Lleras, cuando los medios de comunicación masiva se volcaron en elogios al prócer. Sin embargo, en esta orilla se le recuerda por otras razones y aunque dicen que no se debe denigrar de los muertos y que no hay muerto malo, hay cosas que son difíciles de olvidar cuando la parca pasa a recordarnos que todos estamos en la fila y que la muerte no nos exonera de nuestros errores.

Hubo explosión de flores, fue un privilegio haberlo conocido dijeron los periodistas lambones condenados al lamezuelismo para congratularse con quien les paga el sueldo, pero en la otra esquina del cuadrilátero hay gente que no tiene gratos recuerdos del déspota que acaba de morir. De hecho, lo primero que se le viene a la mente a muchos de quienes no compartieron privilegios, es el tipo violento que llegaba a las notarías que tenía asignadas gritando, vociferando y maltratando a diestra y siniestra. El mismo que no dudó en agredir a uno de sus escoltas, lo que le significó el descriptivo mote de “Coscorrón”. También se le recuerda en una reunión donde planteaba la estrategia de despedir a los trabajadores para que no se pudieran beneficiar de la reforma laboral lograda por el Gobierno del Cambio.

 Se opuso al pago de un salario digno, propuso eliminar el subsidio de transporte y suspender el pago de las primas de junio y diciembre. Se opuso con una tenacidad impresionante a la reforma laboral que les devolvió a los trabajadores los recargos nocturnos, dominicales y festivos. Eso es lo que le quedó en la mente a muchos empleados que vieron un video que se filtró, pero que desapareció misteriosamente cuando se supo la noticia de la muerte, en el cual el sujeto instaba a sus oyentes a  despedir a sus asalariados para no darles el gusto de disfrutar lo que Petro había logrado con la reforma laboral. Nada humanitario don Germán, así los noticieros se empecinen en mostrarlo como lo que no fue. Ríndanle los tributos merecidos como defensor de una clase social mezquina y excluyente, pero no traten de posicionarlo entre las clases populares como un buen elemento que nunca fue.

A Germán Vargas le confeccionaron una vicepresidencia a la medida y le asignaron el presupuesto suficiente para posicionarlo como el sucesor obligatorio de Juan Manuel Santos. Amigo de la cúpula militar en el momento en que ésta estuvo muy cuestionada por los falsos positivos pero pródigo en repartir recursos en obras de infraestructura, algunas colapsaron, pero no importó porque lo importante era el video con el que lo posicionaron como el candidato más viable, un gran ejecutor. Todo estaba servido para que no tuviera contendor, pero su carácter violento le jugó una mala pasada y la agresión a un escolta lo expuso en vivo y en directo al escarnio público y la gente humilde no perdona, las encuestas comenzaron a mostrar el declive del matón del salón y hasta ahí llegaron sus aspiraciones presidenciales que él asumía como un derecho adquirido por haber salido en una foto con el pantalón corto sobre el escritorio de su abuelo Carlos Lleras en 1968, dos años antes de que éste le robara las elecciones a Gustavo Rojas Pinilla y hubiera puesto en la presidencia a Misael Pastrana Borrero el padre de Andrés, el suegro de Nohora y abuelo de los niños de la pareja.

Vargas Lleras salió del Partido Liberal, al que pertenecieron sus ancestros, pero cuando se pusieron de moda las microempresas electorales, armó rancho aparte y fundó Cambio Radical que muy pronto mutó de ser uno de los grupos más votados, al que ostentaba de lejos el deshonroso título de ser el partido más corrupto de la historia de Colombia y el que mayor cantidad de parlamentarios condenados ha tenido. Una muestra de las dimensiones de la corrupción de esa colectividad puede verse en un informe de Razón Pública, disponible en Internet. https://razonpublica.com/cambio-radical-avales-politicos-delincuentes-y-corrupcion/

En conclusión, una buena manera de honrar la memoria de quienes se nos adelantan en el camino al más allá no es tapar sus pecados y pintarlos de próceres. No. Quizás lo mejor que podemos hacer es poner de manifiesto que en su paso por este valle de lágrimas, defendió unos intereses que no coinciden con los nuestros y eso no los hace mejores ni peores, los sitúa como seres sociales adscritos a la clase social a la que pertenecieron.

Germán Vargas Lleras, para la gente pobre fue un mal elemento que defendió los privilegios de su clase, en los que nació y creció, en contra de los asalariados y de la humanidad excluida. Ya pasó la época en que a los muertos había que venerarlos a tal punto que se acuñó la frase según la cual no hay muerto malo, pero sí los hay y este es un dignísimo representante.

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