LA PACIENTE SIQUIÁTRICA Y LA TREPADORA

Por Manuel Álvaro Ramírez R.
Al presidente Gustavo Petro hay que reconocerle que logró una ruptura: mostró que es posible la conquista del gobierno mediante elecciones democráticas, pese a los algoritmos, hay que decirlo, pero la derecha aprendió a afinar la trampa y se la aplicó a Cepeda. Logró sobrevivir cuatro años defendiéndose de una jauría rabiosa que no le dio tregua, que lo atacó desde que empezaba a alumbrar el sol hasta el ocaso y aun así, sus logros no son pocos. Vendrá una arremetida feroz que buscará borrar de la mente de los colombianos este episodio y lo pintará como un paréntesis de la historia que jamás debió ocurrir. Aparecerán ‘pruebas’ para acusarlo de corrupción del peor gobierno de los últimos tiempos. Ya habrá tiempo de enfrentar los ataques.
Sin embargo, hay dos asuntos con que remata este Gobierno que merecen comentario especial: El de Angie Rodríguez y el de Juliana Guerrero. No se justifica desde ningún punto de vista legitimar actos de corrupción, sean o no de aliados, peor si lo son, y lo mínimo que debería hacer el Presidente es hacerse a un lado y dejar que la justicia y los organismos de control hagan su trabajo. Pero los medios atacarán porque sí y porque no, entonces conviene examinar los pormenores del escándalo para analizar la corrupción en sus justas proporciones como lo prescribía el abuelo del finado Miguel Uribe Turbay.
Si se toma como punto de partida unas declaraciones de una analista de la revista Semana, veremos algunos aspectos bastante interesantes. Dice la experta, cuyo nombre es Carolina Fierro, a propósito de Juliana Guerrero y sus hermanas:
“Es una tristeza realmente que estemos enfrentando en el país este tipo de situaciones y quiero hacer énfasis en un tema porque, gracias a la investigación de SEMANA, podemos saber estos detalles, pero es ver la edad de estas personas (Sic). Ayer veía el Congreso de la República y hay una nueva generación, hay como relevo generacional (Sic) y están llegando (Sic), pero las Guerrero tienen 22, 24, 23; Gabriela debe tener 25 años. ¿Cómo está llegando el país con una nueva generación de este nivel de corrupción? Eso me llama mucho la atención”.
Si eso es lo que le llama mucho la atención, lo de analista merece unas comillas, porque es justamente en la juventud a donde van dirigidos y es donde más calan los mensajes empaquetados en realetes, películas, propaganda, educación, donde los lugares más comunes son el trabajo ausente y el dinero fácil. La juventud es quizás el sector más vulnerable de la sociedad para tentarla con el espejismo del enriquecimiento exprés.
Lo que se argumenta es que las jóvenes Guerrero habrían utilizado su cercanía con el Presidente para exigir sobornos a cambio de contratos en la Aerocivil, situación suficiente para rasgarse las vestiduras en este país de impolutos, donde Chambacú, Dragacol, Foncolpuertos, Caprecom, Nueva EPS, Saludcoop, Ecopetrol, Carteles de la Hemofilia y de la Toga, y un interminable etcétera, palidecen al lado de las coimas que debieron recibir las jóvenes trepadoras. Además, Angie Rodríguez la otrora poderosa directora del Departamento Administrativo de la Presidencia Dapre, sugiere de manera taimada que existe una relación sentimental entre Juliana Guerrero y Gustavo Petro a quien para otras comedias se le pone el disfraz de marica o travesti, todo lo que sea para destripar, ahora que la palabra cobra relevancia, al presidente incómodo.
La exdirectora del DAPRE insinúa que todavía no ha dicho todo lo que sabe y con ese libreto de novela de suspenso, da a entender que tiene, esta vez sí, la ‘prueba reina’ del Gobierno más corrupto de la historia que es el relato que la prensa quiere fijar en el imaginario colectivo. Ya el asunto llegó a los estrados judiciales a donde Angie podrá acudir con todo el acervo probatorio y demostrar que se cometieron delitos o si se trata de un globo al que le dan fuelle los medios, o simplemente un deseo de venganza por parte de una paciente siquiátrica como la describió Gustavo Petro.
Los medios nos han acostumbrado a consumir chismes prefabricados como noticias, de manera que lo de la veracidad para éstos es lo de menos, no es relevante si el relato exacerba el odio preconcebido hacia una persona, en este caso el Presidente. Cuando por alguna razón se pone en evidencia la mentira, la mayoría de las veces ni siquiera rectifican y queda entre la gente el relato reforzado que contribuye a profundizar el odio previamente sembrado y que muy difícilmente podrá removerse porque el daño ya está hecho. Petro es odiado por un sector de la población, porque se atrevió a desafiar al poder, los medios instalaron el relato y hoy hay quienes creen que es un borracho, drogadicto, homosexual, travesti y bruto. Pero Petro es y será recordado como el mejor presidente de la historia, realmente lo es por lo menos para la mayor parte de la sociedad, lo cual explica que salga con niveles de aprobación envidiables.
Lo que es absolutamente seguro, es que un presidente no podrá jamás satisfacer a todos los sectores sociales, porque habrá grupos afectados negativamente y otros favorecidos porque en una sociedad dividida en clases, hay enfrentamientos permanentes, la lucha de clases no es un invento de la izquierda, es una ley del desarrollo económico y social.

