SHALOM, VIVA CRISTO REY, PERO GRACIAS PETRO

Por Manuel Álvaro Ramírez R.
Ese pareció ser el saludo protocolario y muy contradictorio del Presidente, para dejar a todo el mundo contento pese a que los judíos mantienen un rechazo teológico hacia Cristo como Mesías o hijo de Dios y los autodenominados cristianos se la pasen denigrando al papa, a los jerarcas católicos y a los feligreses de a pie porque los consideran paganos y se arrogan el derecho de portar sólo ellos el rótulo de cristianos.
Pero ya ha habido bastantes análisis de la ceremonia excluyente de posesión del Presidente con los de siempre y una muy marcada desconexión con los excluidos también de siempre, de manera que ya habrá tiempo para criticar a De La Espriella y podemos enfocar estas líneas a reconocer el indiscutible legado que deja el hoy expresidente Gustavo Petro Urrego.
Petro es de esa clase de hombres que nacen uno en un siglo y dejan enseñanzas que transforman una sociedad. Habrá, desde luego, un intento por borrar de la memoria de los colombianos los logros que, a pesar de las zancadillas permanentes y omnipresentes, logró sortear usando un método gramsciano que consistió en convocar al pueblo que lo eligió y sabía que lo defendería y lo defenderá hasta último momento. Ya empezaron y continuará una campaña infame de desprestigio y no se escatimarán recursos ni vilezas para tratar de destruir a la persona, no importa si tienen que escudriñar a sus hijas hasta en sus idas al baño con tal de encontrar comportamientos deplorables. Pero si no los encuentran, tranquilos, se fabricarán, los medios saben como hacerlo y el libreto se diseminará a la velocidad de la luz de manera que la ´noticia´ se divulgará al unísono.
Es muy probable que el Expresidente sienta un inconmensurable descanso después de soportar cuatro años de ignominia, injusticias, zancadillas, calumnias, montajes, cartas difamatorias que se difundían con morboso placer, insultos, en fin, todo el andamiaje posible para desestabilizar a cualquier ser humano. Sólo que Petro no era cualquiera, era quien había sido capaz de enfrentar a los poderes de facto. Para sus seguidores fueron cuatro años de esperanza, pero también de temores. Cuatro años de ver cómo le escudriñaban la vida íntima de sus allegados, le inventaban romances y desviaciones sexuales solamente permitidos cuando se trata de los hijos de Pacho Santos o de Virgilio Barco, pero que, sin ser ciertos, se los acomodaban a Gustavo Petro. Cuatro años de ver que sus hijas no podían asistir a un estadio porque estaba lo peor de la llamada gente de bien, que en eso no se diferencia en nada de la otra que debe ser la gente de mal. Cuatro años enfrentando montajes que lo hacían ver como ebrio y tener que defenderse enviando los videos originales para desmentir a los canallas, aunque el mal ya quedaba hecho.
Pero no sólo fueron ataques rastreros, fueron asimismo cuatro años enfrentando a las altas cortes, al Consejo de Estado, a la Junta Directiva del Banco de la República, al Senado y a una serie de alcaldes locales que no escatimaron oportunidad para mostrar su odio porque el mandatario los ponía en su sitio ya en sus discursos públicos o en sus mensajes de X. Gracias a todo esto, quedó palmariamente claro que lo que no soportaban era que en el solio de Bolívar se sentara un hombre del pueblo, un ser humano que puso en evidencia la corrupción sobre la cual se han construido grandes fortunas y que muchas veces las familias que se consideraban intocables, resultaron no sólo inmersas en actos de corrupción sino en más de una ocasión responsables de execrables delitos.
Se cometieron errores, claro que sí. Lo de Olmedo López fue un descalabro brutal y seguramente le hubiera ido mejor si pasa de agache y deja que todos sus allegados hicieran lo mismo. Se hubiera tapado y el robo se hubiera generalizado de una forma tan descarada que hubiera sido una bofetada a sus electores quienes hubieran renunciado a volver a votar porque se les enviaría el mensaje de que todos los políticos son iguales, el pensamiento que siempre han querido fijar entre la gente. Ya lo habíamos vivido con la Anapo cuando Carlos Lleras se robó las elecciones para poner a Misael Pastrana, ante la frustración del pueblo colombiano. También habíamos visto como Lenin Moreno en Ecuador, traicionó a Rafael Correa, hoy exiliado en Bélgica. Petro prefirió asumir el costo político, echó a Olmedo y la Fiscalía encarceló a dos de sus ministros por el caso de la UNGRD, ya ambos salieron de la cárcel, pero el daño queda hecho.
Gustavo Petro alzó la voz en Naciones Unidas, se enfrentó a Donald Trump y buscó la forma de quedar en la foto no como alguien que va a recibir instrucciones sino a la misma altura de su interlocutor. Esa foto quedará para la posteridad. Se pronunció contra el genocidio en Palestina y rompió relaciones con Israel lo cual le valió sumar a la caterva de enemigos a Benjamín Netanyahu quien movió todos los hilos para interferir en los resultados electorales y poner a un presidente arrodillado en lugar del que legítimamente eligieron los colombianos.
En todo caso, Petro pasará a la historia como un gran presidente y ya les corresponderá a los historiadores del futuro evaluar al hombre en sus justas dimensiones. Gracias Gustavo Petro y hay que cuidarlo porque ahora corre mayor peligro.

