Opinion

EL TIGRE NO ES COMO LO PINTAN, ES PEOR

Por Manuel Álvaro Ramírez R

Arrancó el gobierno de De La Espriella y   no son buenos los augurios que despiertan las expectativas por lo poco que se ha podido ver. Y no son sólo las amenazas destempladas contra la oposición, ni los anuncios catastrofistas que ya eran esperados, sino las actuaciones macondianas a las que nos vamos acostumbrando poco a poco.

Abelardo una vez posesionado tenía preparada la parafernalia para despotricar contra Gustavo Petro y justificar un endeudamiento para comenzar su gobierno con mucho dinero para gastar a manos llenas, con el peregrino argumento de que el anterior gobierno era un despilfarrador. Sin embargo, la vida lo recibió con una brutal dosis de realidad: un terremoto de 7.4 en la escala de Richter, que han puesto de manifiesto su separación de quienes lo eligieron y, más que obvio, de los que no, pero además la tendencia cantinflesca de bufón que aprovechará cada momento sin importar el dolor de la gente, para aparecer en cámaras, con un séquito de extras, muy mal montado por cierto, y saludar a los prepagos que forzados lo aclamaban.

El espectáculo fue bochornoso y seguramente habrá jalón de orejas para los organizadores del libreto y los productores del video. La historia es la siguiente: Se reunió un raquítico grupo de 30 gatos, a quienes se les instruyó de antemano, según se alcanza a escuchar al coordinador del evento, quien ordena: “manos arriba, manos arriba” y el tumulto acompañó las manos arriba con un desvaído “eeeeeeehhhhh” apenas sale el actor principal con un saludo de carnaval. Patético por decir lo menos y no se sabe, pero hasta sería ingenuo no intuir que todo eso responde a un libreto previamente consultado con el Presidente. El sainete es una muestra de la pasta banal de que está hecho. A donde vaya, en lugar de guardia presidencial hay que llevar la comparsa. Enterados.

 No es sólo lo risible que resulta tanta contradicción en medio de la tragedia, sino que, además del terremoto, el daño que sufrirá este país tras el anuncio de las primeras decisiones será muy grande y seguramente corregir los entuertos costará, parafraseando a Churchill, sangre, sudor, lágrimas y mucha plata, comenzando por el reconocimiento de la propiedad de Israel sobre los altos del Golán, un territorio sirio ocupado militarmente por Israel desde la Guerra de los Seis Días en 1967. Adicionalmente, la mayor bofetada al derecho internacional será el traslado de la embajada de Colombia desde Tel Aviv a Jerusalén, lo cual es de hecho el reconocimiento explícito de esta ciudad como la capital del Estado Judío; el problema es que ésta es reclamada tanto por cristianos como por judíos y musulmanes como ciudad santa y por tanto de un valor intrínseco no cuantificable en términos monetarios sino en valores religiosos profundamente arraigados en todos ellos.

El mensaje es simple: Colombia se suma al séquito de matones de Donald Trump. No nos importan las instituciones y lo que nos guste lo tomaremos por la fuerza, Tal es el caso de las tierras y lo que no, lo destruiremos como el Acuerdo de Paz o la Justicia Especial para la Paz JEP. En adición a lo anterior, está la absurda negación a recibir ayuda de países no alineados con Estados Unidos, porque carecían de certificaciones que los acreditaran para prestar ayuda humanitaria. Quizás los funcionarios no sepan que si hay un país en América Latina que ha tenido que lidiar con terremotos ese es México, pero puede más el fanatismo ideológico y como salvavidas de último momento no se les ocurrió nada mejor que echarle la culpa a un funcionario del gobierno anterior para obstaculizar la recepción de ayuda. Así, dentro de esta escala de valores Ecuador es una potencia en materia de atención de este tipo de desastres en comparación con México.

Y no podían faltar las expresiones clasistas según las cuales, si un damnificado votó por un candidato que no fuera De La Espriella, no debería recibir ayudas del Gobierno. La verdad es que si esa fuera la posición oficial sería interesante el pulso entre los lazos que pueden tender los humildes entre sí y los que se construyen con los miles de millones que dejan escurrir los poderosos, como fue el caso de los cien mil millones donados por el grupo Santodomingo, difundido de la manera más farisea posible como en la parábola del fariseo y el publicano (léanla en Lucas 18. 9-14). Dentro de esa lógica, los votantes de Iván Cepeda deberían ser excluidos, de manera que contarían sólo con el apoyo de los Petristas mientras los abelardistas serían objeto de la atención oficial. Así, quedaríamos listos para una guerra civil y habría más de cuatro frotándose las manos ante el negocio que se avecinaría. Pero no, Colombia no puede caer en esa trampa. Suficiente tenemos con el dolor de la gente que lo perdió todo.

Y para cerrar, está la probabilidad de que Colombia autorice la operación de tropas extranjeras que utilizarán el poderío militar para agredir a campesinos, opositores, defensores de derechos humanos e incluso de aliados del gobierno que resulten incómodos, bajo el pretexto del terrorismo y de las drogas. Nada bueno auguran las primeras señales del tigre.

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