CUANDO EL ODIO ELIGE

Por Lizardo Figueroa
Asistimos a otra campaña electoral; idéntica dinámica a las anteriores y en la práctica, casi los mismos actores de siempre y el protagonista común a todas las anteriores, desde la naciente república hasta nuestros días: el odio.
En la politiquería criolla, odiar ha sido la constante perversa que mueve a mucha gente a votar; los directores de los partidos y sus candidatos han sabido muy bien que moviendo las pasiones viscerales se producen réditos en las urnas.
Asistimos a un eterno retorno de las viejas costumbres para hacerse elegir: sembrar y cultivar animadversiones, miedo, venganza, retaliaciones, enconos y demás basura psicológica; emberracar a la galería para que vote en contra de tal o cual ha sido la fórmula que no les ha fallado.
Nada sustancial, ninguna propuesta seria, audaz, responsable y lograble que apunte a tener una mejor sociedad; ningún proyecto que redunde en aliviar tantas dificultades y carencias; nada que inspire, ilusione ni convoque; poco y nada que construya.
Las campañas electorales se redujeron hace tiempo a la rapiña del poder y su ganancia para apellidos y clanes; pudiera decirse que en política hay hasta emprendimientos familiares con altos rendimientos económicos con cargo al erario.
Un país agobiado con tantas talanqueras que impiden avanzar, encuentra en los políticos tóxicos y su perversidad la garantía del estancamiento y el atraso del país.
La ignorancia adobada con enemigos gratuitos prefabricados a quienes odiar ha sido la infamia mayor del clientelismo cautivo. A falta de grandeza, se escuchan expresiones, amenazas, insultos, calumnias y mentiras que, en épocas de ingrata recordación, provocaron miles de muertos.
El tono envenenado de los más recalcitrantes es la irresponsabilidad mayor por estos días.
Ciertos medios de comunicación abiertamente politizados, aportan su pócima diaria de cizaña. La cultura política algo ha avanzado, aunque aún incipiente.
Las próximas elecciones serán el termómetro que mida las altas temperaturas políticas de los electores macondianos. Amanecerá y veremos.


