ENTRE LA MENDACIDAD Y LA DESCONFIANZA

Redacción política de Boyacá Visible

Es costumbre escuchar, a través de algunos medios por los que se dirige el alcalde de Sogamoso, Rigoberto Alfonso Pérez, declaraciones unas poco creíbles y otras –muchas— que son desatinos

¿Cómo creerle a Alfonso cuando afirma que estuvo dialogando o consultó a dirigentes de la Conmebol para definir el aforo de lo que será el nuevo estadio olímpico El Sol? ¿Cómo creer las excusas que ofrece para negar el alquilar de la plaza de toros La Pradera, por unas supuestas fallas estructurales de la edificación, sin soporte alguno ni concepto de la Unidad de Gestión del Riesgo? ¿Y cuando, sin sonrojarse, se arroga como gestión suya el desarrollo del proyecto sobre la variante de la vía del Cusiana mientras, en realidad, es una obra de iniciativa del Invías, que debería iniciar su construcción desde junio de 2018? ¿O cuando, en compañía de ese otro pusilánime, el exalcalde tresmesino, Jorge Mayorga, se dieron a la tarea de montar un show para inaugurar las obras sin concluir de la terminal del aeropuerto Alberto Lleras? ¿Y cuál es el avance de las obras de la Casa de la Mujer empoderada?

También anunció la demolición del coliseo cubierto Alfonso Patiño Rosselli, y al igual que con la plaza La Pradera, sin estudios ni soportes técnicos que sustenten sus afirmaciones, aparte de que quiere cambiarles los nombres…

Para mostrar su constante preocupación por la seguridad ciudadana, decretó para la segunda vuelta electoral, del pasado 19 de junio, un insólito toque de queda, sin ninguna razón válida que justificara esa medida tan agresiva contra la población pacífica y cívica como ha demostrado ser, a través de la historia, la de Sogamoso. Esta se sintió tratada como un menor de edad al que le prohíben salir, porque sí. El alcalde demostró su enorme desconfianza y desconocimiento de la sociedad que pretende dirigir; en cambio sí indica que su gobierno está lejos de procurar el bien de la ciudadanía de manera sincera, eficiente y honesta.

Al final, dijo que había acatado la insinuación del Ministerio del Interior que le sugirió suspender la medida. Sin embargo, a Rigoberto Alfonso le apareció otra vez su acostumbrado carácter mendaz para tratar de esconder que fue la Jueza Primera Administrativa del Circuito de Sogamoso, Johana Elizabeth Albarracín Pérez, quien le ordenó la suspensión del inadecuado toque de queda, fallando a una demanda que, días antes, había instaurado el entonces senador Jorge Eduardo Londoño Ulloa.  

Es nada fiable un gobernante que se aleja de los intereses y valores de sus gobernados, su credibilidad se sitúa en un lugar muy lejano por tanto embuste y engaño además de ofrecer verdades a medias. La razón de esta relación es clara, dicen los entendidos que cuando el gobierno miente, engaña u oculta información en permanencia, este, además de perder credibilidad, genera desconfianza.

Y más aún cuando, de un momento a otro, dio la orden a sus asesores de prensa y a su recua de colaboradores de usar, cada vez que se le menciona, el apelativo de profesor. ¿Será un alias?

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