INDEPENDENCIA GRITA

Por Manuel Álvaro Ramírez R.
El Presidente anunció que se retira de la Junta Directiva del Banco de la República y como es usual salió la romería de expertos a rasgarse las vestiduras y a protestar desde el sanedrín. A coro gritaron ¡blasfemia! Mientras la turba gritaba ¡crucifícale! No fue exactamente así, porque han pasado más de 2,000 años desde que se repitió la escena cuando Pilatos preguntó si Jesús era el rey de los judíos. Ahora no le preguntaron nada a la víctima pero las ganas de sacrificarlo permanecen intactas.
Conviene entonces aprovechar lo contritos que llegan los creyentes después de la semana mayor, para opinar sobre un tema sobre el cual hay mucho ruido, mucho bochinche sin que haya realmente una intención seria de discutir la conveniencia de subir la tasa de interés por parte del Banco de la República.
Sobre este particular conviene aclarar algunos puntos: La tasa que se mueve por decisión de la Junta es la que el Banco le cobra a los bancos comerciales que la usan como pretexto para que éstos hagan lo propio con los créditos que otorgan a los usuarios del sistema financiero. Esa tasa pasó del 10,25% a 11,25%. Subió un punto porcentual pero en la jerga esotérica de los economistas subió 100 puntos, para que suene más dramático. Es la segunda vez que lo hacen y en dos meses subieron dos puntos lo que amplió la brecha entre la tasa de inflación (5.29%) y el interés efectivo. Esto muy pocas veces había pasado pero con este Gobierno se han ensañado de forma pertinaz.
Adicionalmente a los ahorradores que mantengan sus dineros quietos en los Certificados de Depósito a Término CDT, se les reconoce el 12% pero cada vez que los usuarios usan su tarjeta de crédito, le cobran el 26,76% efectivo anual; la diferencia entre lo que le cobran a los usuarios de crédito y lo que le reconocen a los ahorradores se conoce como tasa de intermediación, que en este caso es 26,76–12 = 14,76% esa es la diferencia con la que se queda el banco.
Ahora, el Banco de la República tiene como función constitucional controlar la inflación y al mejor estilo protestante sólo lee y recita el versículo que le conviene para posar de erudito infalible y usa el pretexto de la inflación para subir la tasa de interés. En efecto, al final del artículo 371 la Constitución dice sobre las funciones del Banco: “Todas ellas se ejercerán en coordinación con la política económica general”. Pero el argumento simplista es el siguiente: como la gente está comprando mucho, entre otras razones por el alza del salario vital, hay que encarecer el crédito para que los consumidores no se endeuden, porque si se vuelcan a comprar como locos las fábricas no darán abasto y los precios comenzarán a subir, habrá inflación y nos toca controlarla.
Sin embargo, ni las fábricas están trabajando al 100% ni hay señales de desabastecimiento en los productos agrícolas, de manera que el argumento resulta bastante chimbo. Ahora veamos cual otra podría ser la razón para una decisión absurda a todas luces. El Gobierno ha mostrado que ha podido manejar la economía sin que se presentaran las catástrofes que presagiaban los oráculos del desastre. No nos volvimos como Venezuela, ni el dólar llegó a $10,000, ni el desempleo se disparó ni hubo fuga de capitales a gran escala. Colombia está bien evaluada entre otras entidades por The Economist y por el mismísimo Banco Mundial. Los bancos están ganando como nunca y los grupos económicos muestran en sus balances que pese a lo que salga por la boca de los representantes de sus gremios, sus saldos son bastante favorables.
Pero eso es intolerable, si al gobierno le va bien, la gente podría verse motivada a elegir a alguien que garantice continuar con el cambio y reforzar el proyecto político que ha mostrado que hay otras formas de gobernar, fortaleciendo el mercado interno, fomentando la industrialización, apoyando el campo para garantizar la producción de alimentos y diversificando las exportaciones. La derecha mezquina no soporta que este Gobierno haya puesto un plato de comida caliente en cerca de tres millones de hogares porque a los ancianos de estratos uno y dos les está llegando un bono de $230,000 cada mes. Eso genera mucho odio en una clase acostumbrada a que el pobre se humille para tirarle unas monedas de limosna.
Las últimas encuestas muestran que la derecha tiene un tope alrededor del 40% de intención de voto mientras Iván Cepeda no para de crecer y posiblemente hasta le alcance para ganar en primera vuelta y eso destruiría el relato que se ha tratado de implantar desde el mismo 7 de agosto de 2022 y no ha parado desde entonces. Las mentiras se repiten mañana tarde y noche sin que a los medios les cause un tris de vergüenza. Se difunde con bombos y platillos y cuando llega el momento de corregir, lo hacen de la manera más discreta cuando el mal está hecho. Empero, el libreto ha sido tan torpemente repetido que ya la gente entendió el patrón y ha optado por buscar alternativas para informarse.
Esta vez lo que correspondía según la alharaca habitual es exigir respeto a las decisiones de la Junta Directiva del Banco de la República, como si independencia significara infalibilidad de sus decisiones y derecho de actuar en contra del insistente llamado del Gobierno a no actuar a espaldas de los intereses de la gente, porque los únicos beneficiados con la subida de la tasa son los bancos incluyendo los extranjeros tenedores de bonos de deuda pública y los importadores porque el dólar seguirá cayendo.

