CAMBIO CLIMÁTICO Y SEGURIDAD ENERGÉTICA

“EN EUROPA SE IMPONE LA SEGURIDAD ENERGÉTICA SOBRE LA VIDA”

Contario al propósito de frenar o desacelerar el sobrecalentamiento global, objetivo compartido hasta ahora por todas las naciones del mundo, aunque no todas con el mismo nivel de compromiso, la Seguridad Energética ha retomado relevancia superior, la cual había estado subyugada por el criterio de sostenibilidad ambiental del planeta, como derrotero que ha conducido grandes reformas en política energética y el desarrollo tecnológico hacia la descarbonización de la energía mundial. En medio de una relativa certeza derivada del buen avance en la generación de energías limpias, en especial en los Estados de la Unión Europea, el mundo de las nuevas generaciones ve con indignación le retroceso dado por el pionero “Europa”, reactivando las generadoras de energía con carbón, ante la inminente amenaza de desabastecimiento de gas. Crisis energética causada por el conflicto entre Rusia y Ucrania. La crisis energética en Europa pone en evidencia que la seguridad energética sin lugar a duda ha sido y sigue siendo una constante preocupación de las naciones y de los bloques económicos como la Unión Europea (UE), cuyas primeras formas de organización fueron motivadas por lograr la seguridad energética, y posteriormente el desarrollo de una ambiciosa política para impulsar la generación de energía limpia.

En el contexto anterior nacen varios cuestionamientos: ¿El desarrollo tecnológico y los costos de generación de energías limpias, permiten establecer como propósito de mediano plazo la eliminación de fuentes fósiles?, y ¿Se han considerado dentro de los acuerdos mundiales criterios de equidad y los costos sociales y económicos de la transición energética especialmente para las economías más pobres?

Con la decisión de varios países de la U.E.  de reactivar termoeléctricas de carbón, se reafirma que la seguridad energética es un factor esencial en la toma de decisiones en materia de política de cambio climático de cada estado, que incluso puede desplazar las metas de descarbonización de la energía, imponiéndose si fuese necesario la soberanía de los estados sobre los tratados de organismos supranacionales y mundiales en la lucha en contra del calentamiento global, “La seguridad energética se impone a las metas globales de salvar al planeta”.

Como resultado de estas decisiones se ha registrado un aumento vertiginoso en la demanda de carbón térmico, situación que ha favorecido notoriamente a la minería de carbón en Colombia, registrándose aumentos en el precio interno de hasta 400 % del registrado en el segundo semestre de 2021. Alemania es uno de los países que ha optado por reactivar sus antiguas plantas termoeléctricas.

“Alemania reactiva el carbón para consumo eléctrico y se reserva el gas ruso”

Alemania reactivó la primera planta de carbón en «reserva» para destinarla al consumo eléctrico, mientras destina el gas ruso que sigue suministrando el gasoducto Nord Stream a llenar sus depósitos de cara al invierno.” 

Fuente: dw.com

Es claro que ninguna nación esta dispuesta a deponer la seguridad energética por cumplir las metas de transición energética con miras de reducir el calentamiento global, lo cual sin lugar a duda conllevará a replantear las metas del Acuerdo de París de tal forma que mientras se logra una seguridad energética con fuentes limpias y que garantice el acceso a todas las naciones, el uso de las fuentes fósiles en diferente proporción será inevitable.

Ahora bien, desde el punto de la carga ambiental y sus impactos económicos es preciso revisar los aportes de gases efecto invernadero (GEI) que hace cada país del mundo y sopesarlos con los compromisos de reducción de emisiones.

Es innegable que la revolución industrial causo la mayor emisión del GEI a la atmosfera terrestre, lo cual nos permite afirmar que son los países industrializados los que más han aportado al fenómeno que hoy compromete la existencia de la humanidad en el planeta tierra, “el calentamiento global”. Al respecto, 

Desde la Revolución Industrial las emisiones a la atmósfera han crecido exponencialmente pues en ese tiempo comenzaron a quemarse masivamente los hidrocarburos para extraer energía. Esta tendencia al alza hasta nuestros días ha generado que el calentamiento global se convierta en un hecho aceptado por más de diez mil científicos” [1].

[1] ¿Cuáles países son los que emiten más Co2 a la atmósfera? (ecoosfera.com)

Los aportes de GEI, siguen siendo protagonizados por los países industrializados y de las economías emergentes como China y Brasil, lo que permite establecer una relación entre el tamaño de la población, la economía y las emisiones atmosféricas.

“Los mayores emisores contribuyen con la mayoría de las emisiones globales. Los 10 principales emisores contribuyen con el 72 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (excluyendo el cambio de uso de la tierra y la silvicultura). Por otro lado, los 100 emisores más bajos contribuyen con menos del 3 por ciento. Si bien la acción climática universal es necesaria, los mayores emisores necesitan acciones de mitigación significativas, teniendo en cuenta que tienen diferentes capacidades para hacerlo.” (www.wri.org)

“Seis de los 10 principales emisores son países en desarrollo. Según los datos, China contribuye con aproximadamente el 25 por ciento de las emisiones globales, lo que la convierte en el principal emisor. India, Indonesia, Brasil, México e Irán también están contribuyendo con una proporción relativamente grande de las emisiones globales a medida que sus economías crecen. Aunque los países desarrollados solían dominar la lista de los 10 principales emisores, el visual representa el cambiante panorama de las emisiones (y geopolíticas).” (www.wri.org).

Los anteriores datos dan cuenta de que los aportes de GEI, son aportados de manera mayoritariamente por pocos países, que guardan una relación directa con el tamaño de sus economías y de la población.

Otro indicador que permite evaluar objetivamente la generación de energía limpia de cada país son las emisiones per cápita, ya que permite evaluar no solamente la generación absoluta de energías limpias sino cuanto impacta en la demanda y uso de energía por persona. Dicho de otra manera, evalúa si la contribución al cambio climático es proporcional al aporte de GEI.

“Las emisiones per cápita reducen las contribuciones al cambio climático a un nivel individual. Mirando esta métrica, el orden de nuestros 10 principales emisores cambia considerablemente.

Entre los 10 principales emisores absolutos, solo dos tienen emisiones per cápita que están por debajo del promedio mundial. Canadá, Estados Unidos y Rusia emiten más del doble del promedio mundial por persona. En el otro extremo del espectro, las emisiones per cápita de la India son solo un tercio del promedio mundial.” (www.wri.org).

En el contexto global anterior es importante preguntarnos si Colombia está bien enrutada en su política de transición energética, en una prospectiva que parece considerar solamente las metas del acuerdo de Paris, sin tener en cuenta que tales propósitos se verán afectados por coyunturas tanto geopolíticas como climáticas, por lo tanto considero que la política minero-energética para el caso colombiano debe ser más prudente y debe considerar los impactos económicos y sociales de las medidas para lograr los objetivos del país en el marco del acuerdo de Paris.

En primer lugar, los compromisos en cuanto reducción de gases efecto invernadero (GEI) de los países en el mundo deben estar sometidos a un criterio de progresividad en dos aspectos: deben ser gradualmente más exigentes para los países que han aportado y aportan más porcentaje de GEI y deben ser más exigentes para los países de mayor capacidad económica y desarrollo tecnológico.

Segundo, en el marco global de acuerdos ambientales se deben considerar los aportes positivos de regiones con ecosistemas estratégicos como las selvas tropicales, bosques y paramos lo cuales actúan como sumideros naturales de CO2, para que todas las naciones y proporcionalmente al aporte de emisiones hagan aportes económicos para la protección de estos ecosistemas.

Tercero, la Seguridad Energética. Todas las medidas que se tomen en materia de cambio climático para limpiar la matriz energética de Colombia deben considerar la seguridad energética como un factor que proporciona certeza en la disponibilidad de energía requerida para el desarrollo de las actividades económicas y sociales del país.

Por: SANDRO NESTOR CONDIA PÉREZ

Candidato a Mg. En Regulación Minero-Energética

U. Externado de Colombia

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