Opinion

AVANZAMOS HASTA EL NUPA, NO NOS LLEVEN AL LOM

Por: Manuel Álvaro Ramírez R.

Pocas personas entenderán el título, excepto quienes estuvieron de alguna manera familiarizados con los comunicados del ELN a partir de su creación. Al final, se ponía como rúbrica en los comunicados, “unidos en Nupalom”, un acrónimo que significaba el grito de guerra del grupo insurgente: Ni un paso atrás, liberación o muerte.

Las conquistas de los derechos de los pobres nunca han sido una generosa concesión de unos ricos de buen corazón. Ha costado muchos sacrificios, luchas, persecuciones, y, claro, infinidad de muertos. Cada derecho, cada mejora en las condiciones de trabajo, cada oportunidad para acceder a situaciones que para algunos pocos se dan por descontadas, ha tocado conquistarlas y defender, centímetro a centímetro, porque la lucha es permanente y lo que hoy es derecho, mañana puede no serlo, fijémonos en el caso argentino cuya base de su alimentación era la carne de res, hoy están condenados a consumir carne de burro que vale la tercera parte de aquella, porque los salarios no alcanzan.

Lo que viene el 31 de mayo en Colombia, más que una elección de presidente es la defensa de lo conquistado con el Gobierno del Cambio y la medición de la efectividad del ataque coordinado desde todos los frentes (no se les quedó ninguno). En estas elecciones el enemigo a vencer no es sólo Álvaro Uribe Vélez, es Donald Trump, su club de pederastas y sus títeres, pero especialmente Daniel Noboa, el narco presidente ecuatoriano que se queja de que Colombia, léase Gustavo Petro, no colabora con la seguridad en la frontera, pero también son los medios de comunicación que en los últimos cuatro años han desatado el más violento ataque coordinado contra un presidente en ejercicio. Y a la oposición cerrera de la derecha en la Cámara y el Senado, hay que sumarle las altas cortes, el Consejo de Estado y la Junta Directiva del Banco de la República. De ese tamaño es el enemigo.

A Petro le han destituido funcionarios, le han encarcelado ministros, a partir de juicios amañados, hoy ya Ricardo Bonilla recobró su libertad pero la presión de su encarcelamiento le costó una descompensación por baja presión arterial. Mientras tanto el otro exministro, Luis Fernando Velazco, sigue preso y seguramente saldrá también cuando la Fiscalía no logre probar nada. Estos encarcelamientos tuvieron como único propósito intimidar al equipo de gobierno y enviar el mensaje a los funcionarios de que una cosa es ganar las elecciones y otra muy diferente es ejercer el poder.

En esta guerra, no se han escatimado armas ni municiones. La artillería pesada ha estado a cargo de los aliados de Trump que pusieron al mandatario más poderoso del mundo en ridículo al llenarle la cabeza de mentiras, que Petro muy hábilmente encontró la forma de conjurar yendo directamente a la boca del lobo y enfrentarse al Goliat del siglo XXI, quien no tuvo más opción que recular, recibió al Presidente Colombiano, quien a su vez, lo dijo, buscó la forma de aparecer en la foto como un interlocutor digno y no con las vergonzosas genuflexiones de Milei, o de un intrascendente bautizado en Bogotá como Bernardo Moreno, pero que en USA se cambió el nombre por Bernie y a quien Trump, hasta ese día, creía oriundo de Italia. Aquí se quedó una candidata presidencial con un grito ahogado que decía “Trump, haz lo tuyo”, que significaba una petición abyecta para que el gorila nos invadiera o como mínimo se inventara un cargo mediante el cual detener al Presidente colombiano.

En Colombia los medios abandonaron por completo el quehacer periodístico y se dedicaron a la búsqueda y propagación de chismes, e incluso hubo un momento, que Petro denunció públicamente, en que la revista Semana ordenaba y la Fiscalía de Barbosa investigaba. Se habló de miles de millones de pesos en bolsas o tulas y todavía estamos esperando la ‘prueba reina’. El Fiscal Barbosa quiso usar su poder e instrumentalizar a Nicolás Petro para enlodar a su propio padre, pero éste aprovechó unas fiestas de fin de año para hacerle una visita inusual a su hijo y explicarle lo perverso de la trampa. Hoy Nicolás está en libertad, aunque la investigación sigue en firme, pero ya casi nadie se acuerda del episodio. No hay pruebas de nada, porque Petro sabía desde mucho tiempo antes de lanzarse a la campaña presidencial, que le iban a poner la lupa a todos y cada uno de sus movimientos y no han encontrado nada. Absolutamente nada.

Hubo escándalos con un polígrafo y un acoso tan intenso por parte de la Fiscalía de Barbosa, que llevó al suicidio del coronel de la policía Oscar Dávila, pero eso a nadie le importó, ya es otro caso olvidado, una cifra más en esta catarata de ignominias, acosos, montajes y toda clase de hujueputeces de las cuales echa mano la derecha con tal de hacerle daño al Presidente.

Y para completar este tinglado de oprobio y agresión, ahora se acaba de descubrir el Plan Júpiter, un programa orientado a producir miedo, indignación e incertidumbre, según la definición que hizo Jaime Bermúdez, viejo estratega de comunicaciones, el Joseph Goebbels de Álvaro Uribe Vélez, su ministro de su propaganda. De ese tamaño es el reto que se nos viene encima y que tenemos que ser capaces de conjurar.

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