La indígena que creó Coca Nasa y le ganó una batalla legal a Coca Cola

Fabiola Piñacué nació en Cauca y creó una empresa de productos de coca. Habló con EL TIEMPO.

Fabiola Piñacué luce su ruana indígena tejida por manos de mujer Nasa.
Foto: @FabiolaPinacue

A comienzos de los años 2000 Fabiola Piñacué llegó a Bogotá para estudiar ciencia política en la Universidad Javeriana y luego regresar a su ciudad natal.

En los pasillos de esta universidad capitalina esta mujer que nació en el resguardo indígena de Calderas, en el departamento del Cauca, llevaba siempre consigo sus hojas de coca, como lo había hecho toda su vida, pues las usaba como alimento, medicina y moneda.

Así que empezó a dárselas a probar a sus compañeros, a venderlas y a aprovechar todos los foros y conversatorios para presentar la hoja de coca.

Allí se dio cuenta que podía crear una empresa en defensa de la autonomía y la hoja de coca, vista como un recurso natural y cultural que puede ser explotado económicamente por las comunidades indígenas, siendo ella heredera de ese conocimiento tradicional y ancestral. La llamó Coca Nasa.

“Comencé de la manera más tradicional y fue ofreciendo la hoja de coca a las personas, llevándoles aromática preparada, haciendo que la probaran y haciendo un proceso pedagógico de contarle a la gente que la hoja de coca se tomaba, se podía masticar y la hicimos en una presentación en una bolsita”, le cuenta Fabiola a EL TIEMPO.

Luego de una gran venta, Fabiola compró una máquina para sellar el empaque de las hojas. En menos de un año pudo cambiar la presentación para ofrecerla en caja. Pero ahí llegó el primer inconveniente.

“Buscamos quién nos ayudara a empacar la hoja, pero como era coca nadie quería empacar la hoja. Entonces tocó decirle a la señora que nos molía la hoja que era una hierba, y ella nunca supo que era coca, hasta mucho después”, cuenta.

Como era coca nadie quería empacar la hoja

Mientras las personas iban conociendo su producto y “vieron que nadie moría por tomar el té”, como cuenta Fabiola, empezaron a ganar terreno comercial. “Creo que a la gente se le había olvidado que la hoja de coca era una bebida y tuvimos que volver a recordarle esas tradiciones en Bogotá”, cuenta.

Tras ello hicieron la solicitud para confirmarse como una empresa en la Cámara de Comercio, donde obtuvieron su registro. “Luego solicitamos el registro del Invima, pero se negó”, asegura Fabiola.

A pesar de que no ha sido fácil liberar la coca del estigma de la cocaína, la empresaria cuenta que hicieron un convenio con el Invima para que ellos vayan y verifiquen los espacios para la elaboración de sus productos. “Nosotros no estamos escondidos, no somos ilegales, la hoja de coca no es ilegal y nunca lo ha sido. Hay una confusión entre el lenguaje y la publicidad de cómo venden y venden un discurso de que es la droga, pero la hoja de coca no es droga”, afirma.

El proceso para hacer los productos no es sencillo. En Tierradentro, Cauca, tienen el centro del deshidratado, de molido y la bodega donde se concentra toda la hoja que llega. Luego la llevan a Bogotá , descontaminan las hojas y la empacan.
Desde entonces empezaron a diversificar su portafolio y cada año tienen un nuevo producto. Empezaron con el té, luego lo mezclaron con manzanilla y menta, buscando que fuera un sabor agradable a otros paladares. Introdujeron las galletas, después las gaseosas y cada año hemos tenido un producto distinto.

“Muchos nos cayeron a reclamar el nombre. Coca Cola nos demandó pero no ganaron nada porque nosotros nos hemos respaldado en el tema cultural”, asegura Piñacué.

Hoy en día ya cuentan con tiendas en Medellín, Boyacá y Bogotá; las comercializan en tiendas naturistas y virtualmente. Tienen una gran variedad de productos como aguardiente de coca, vino de coca, aromática de coca y menta, gel de coca, harina de coca, entre otros.

En medio de la pandemia, la empresaria se ha sorprendido con las ventas. “La hoja de coca sido muy buena para tranquilizar a la gente que ha estado en cuarentena y a levantar las defensas, entonces hemos tenido una buena demanda”, asegura.

Enfrentarse a grupos ilegales y a la justicia

Fabiola cuenta que en el Cauca a veces llegan los grupos ilegales y se llevan la hoja de coca. Por eso han tenido que pagar, “a costos bastante altos, la hoja de coca, sólo por tener la necesidad de hacer nuestros té”.

La batalla no ha sido solo contra los grupos ilegales, sino con la justicia colombiana.

Tal como lo había contado DeJusticia, en 2010, un joven empleado de Coca Nasa, proveniente del Cauca, fue detenido por la policía cuando cargaba un bulto de hojas de coca tostadas hacia Bogotá. 
El joven fue presentado ante la Fiscalía por transportar sustancias ilícitas. En seguida, Piñacué atendió la situación, usando su posición como lideresa indígena y empresaria. Argumentó que la coca se trataba de una planta sagrada, con grandes beneficios nutricionales y medicinales, amparada además por normas constitucionales y que su transporte obedecía a las necesidades de la empresa. Gracias a su defensa, el joven fue puesto en libertad y la carga de hojas devuelto a sus dueños.

Fuente:www.eltiempo.com

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